Esto es la Universidad.... pública




Este blog está dirigido a vosotros, los estudiantes que acabáis de llegar a la Universidad. A la Universidad pública. A la universidad de todos. La que costeamos entre todos para que independientemente del nivel de vuestros ingresos familiares tengáis la oportunidad de aprender y de transformar vuestra vida. Para que aprendáis Derecho y, sobre todo, os convirtáis en personas pensantes y críticas, dispuestas a integraros inteligentemente en el mundo que os ha tocado vivir.

En este blog encontraréis primero las instrucciones para sacar el máximo provecho de "nuestro" esfuerzo conjunto a lo largo de estas semanas de clase. Pero también algo más: una incitación permanente a aprender, un estímulo para que vayáis más allá de la mera superación del trámite administrativo del aprobado. Escribía el piloto, escritor y filósofo francés Antoine de Saint Exupéry (1900-1944) en El Principito, que "sólo se conocen las cosas que se domestican". Por eso voy a tratar de convenceros de lo importante que es "domesticar" lo que vais a estudiar. Para que sintáis lo apasionante que es descubrir el mundo a través del Derecho. Pero no del Derecho a secas, sino del Derecho en su trayectoria histórica, en el marco cultural de la civilización en la que aparece. Para que comprendáis como sugería José Ortega y Gasset, que preservar nuestra civilización depende de que cada generación se adueñe de su época y sepa vivir "a la altura de los tiempos".

Para ello cada semana os diré qué tenéis que estudiar y cómo, os proporcionaré lecturas y os recomendaré ejercicios. También compartiré con vosotros pensamientos y consideraciones que vengan a cuento, al hilo de lo que vayamos estudiando.

Tendremos que trabajar mucho, vosotros y un servidor. Pero eso dará sentido a vuestro -nuestro- paso por la Universidad. Será un esfuerzo muy rentable para vuestro -mi- engrandecimiento como personas. Os lo aseguro.

Ánimo, y a por ello.

Un saludo cordial

Bruno Aguilera-Barchet

lunes, 14 de septiembre de 2026

UN ANIMAL SOCIAL... Y JURÍDICO

  Hubo un tiempo en el que no vivíamos amontonados. En el que solo trabajábamos para garantizarnos lo esencial. En el que no éramos esclavos del trabajo. En el que no vivíamos en ciudades, hacinados en edificios colmena. Éramos cazadores-recolectores y vivíamos al compás de las estaciones. A nuestra bola. Sin embargo en aquél tiempo ya habíamos empezado a aprender a organizarnos y a favorecer nuestra cooperación en masa. Gracias a la Revolución cognitiva.  

1. La revolución cognitiva

Es cierto que, no se sabe muy bien por qué, hace unos 70.000 años nuestro cerebro se desarrolló más que el de los demás animales y empezamos a comunicarnos con un lenguaje mucho más detallado y sutil. Un lenguaje que nos permitía describir lo real y lo que nos imaginábamos. Y gracias a ello construimos ficciones, que nos permitieron cooperar en grupos cada vez más numerosos. Por eso, hace unos 700 siglos más o menos, empezamos a dominar el planeta.  

 Este dominio se aceleró como consecuencia de la aparición de la “Revolución agrícola.”

2. La Revolución agrícola

Terrazas arroceras de Yunnan (China)

 El hombre empieza a imponerse a los demás seres vivos (animales y vegetales) porque gracias a la “Revolución cognitiva” y al “derecho” logra convivir en grupos. No obstante, no cabe duda que estos grupos humanos empiezan a ser cada vez mayores y potentes como consecuencia de la Revolución agrícola. Cuando los sapiens en vez de ser solo depredadores (recolección, caza y pesca) son capaces de generar su propio alimento (agricultura y ganadería). 




DE LA SOCIEDAD TRASHUMANTE A LA SEDENTARIA: LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA 

"Con el tiempo sin embargo, el progreso de los descubrimientos arqueológicos acabó por transformar el sentido inicial de los términos paleolítico y neolítico, que pasaron a designar dos fases de la organización económica de los hombres prehistóricos. El paleolítico pasó a ser desde este punto de vista la etapa del hombre trashumante que vivía esencialmente de una caza que le obliga a desplazarse constantemente en busca de sus presas. En el Neolítico en cambio aparecerían las primeras comunidades humanas sedentarias que fijan su residencia en un territorio concreto. 

En la época paleolítica, cuando el hombre es trashumante y los grupos humanos son pequeños, la organización y dirección del grupo suele encomendarse al individuo que más fácilmente puede asegurar la supervivencia de todos. Aunque suele ser auxiliado en su tarea por otro miembro del grupo que mantiene la tradición y actúa como intermediario con las fuerzas sobrenaturales. El hechicero, el brujo, el druida, el sumo sacerdote son algunas de sus figuras más conocidas. Desde el punto de vista de la cohesión social, lo que mantiene unido al grupo son los vínculos sanguíneos y el afán de sobrevivir en un medio considerablemente hostil y difícil.  

 No obstante es posible que estos hombres prehistóricos también tuviesen una organización social más cohesionada. Prueba de ello son los monumentos megalíticos que suponen la existencia de una concertación social que permitía mover piedras tan grandes. Pero no podemos saber mucho más porque carecemos de testimonios escritos. 

  Sí se produce un cambio drástico en la organización social cuando, como consecuencia de la “revolución neolítica”, el hombre se convierte en un ser sedentario y pasa a residir en el mismo lugar.  Lo que suele ser consecuencia de un considerable crecimiento demográfico, que impone una progresiva estructuración de la organización social.  Las sociedades neolíticas nos resultan en algunos casos más familiares porque de las mismas se han conservado testimonios escritos que nos ofrecen una información mucho más precisa que los meros restos arqueológicos. El paso del hombre trashumante, con un modo de vida basado en la destrucción de los recursos naturales (economía de depredación), a un hombre sedentario, que vive de la multiplicación de los recursos vegetales —agricultura— y animales —ganadería— (economía de producción), es tan trascendental para la vida de la Humanidad que la historiografía suele hablar de Revolución Neolítica.  

 La transición del Paleolítico al Neolítico se produce muy lentamente, como consecuencia del cambio climático que sobreviene tras el último período glaciar (10.000 a. de C). Por eso suele hablarse de un período Mesolítico intermedio que, en rasgos generales podría situarse entre el octavo y el quinto milenios. La Revolución Neolítica no se produce sin embargo, en todos los lugares de la Tierra simultáneamente. Aparece más tempranamente en aquellos lugares en los que las condiciones geográficas son más favorables al desarrollo de la agricultura. Y viceversa, se retrasa cuando las condiciones climáticas son inadecuadas, lo que explica que en la actualidad existan todavía pueblos trashumantes que, significativamente, viven en zonas desérticas, como los bosquimanos del Kalahari." 

B. Aguilera-Barchet et al. (2010) Estado y Derecho en España.Un ensayo de historia jurídica comparada. I. Las bases: de los orígenes al año 711 Madrid: Instituto de Estudios Jurídicos Internacionales y Université de Paris-Est pp. 81-82


3. ¿El mayor fraude de la historia?

  Tradicionalmente se entendía que la civilización empieza con la agricultura. Esta visión positiva de la Revolución agrícola sin embargo se ha visto últimamente refutada por Harari para quien esta importante transformación es el mayor fraude de la historia. Veamos por qué. 

¿EL MAYOR FRAUDE DE LA HISTORIA?

 "Los entendidos proclamaban antaño que la revolución agrícola fue un gran salto adelante para la humanidad. Contaban un relato de progreso animado por la capacidad cerebral humana. La evolución produjo cada vez personas más inteligentes. Al final, estas eran tan espabiladas que pudieron descifrar los secretos de la naturaleza, lo que les permitió amansar a las ovejas y cultivar el trigo. En cuanto esto ocurrió, abandonaron alegremente la vida agotadora, peligrosa y a menudo espartana de los cazadores-recolectores y se establecieron para gozar de la vida placentera y de hartazgo de los agricultores. 

Este relato es una fantasía. No hay ninguna prueba de que las personas se hicieran más inteligentes con el tiempo. Los cazadores-recolectores conocían los secretos de la naturaleza mucho antes de la revolución agrícola, puesto que su supervivencia dependía de un conocimiento cabal de los animales que cazaban y de las plantas que recolectaban. En lugar de anunciar una nueva era de vida fácil, la revolución agrícola dejó a los agricultores con una vida generalmente más difícil y menos satisfactoria que la de los cazadores-recolectores. Los cazadores-recolectores pasaban el tiempo de maneras más estimulantes y variadas, y tenían menos peligro de padecer hambre y enfermedades. Ciertamente, la revolución agrícola amplió la suma total de alimento a disposición de la humanidad, pero el alimento adicional no se tradujo en una dieta mejor o en más ratos de ocio, sino en explosiones demográficas y élites consentidas. El agricultor medio trabajaba más duro que el cazador-recolector medio, y a cambio obtenía una dieta peor. La revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia. 

¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron estas plantas las que domesticaron a Homo sapiens, y no al revés. 

Planta del trigo

La culpa fue del trigo

 Pensemos por un momento en la revolución agrícola desde el punto de vista del trigo. Hace 10.000 años, el trigo era solo una hierba silvestre, una de muchas, confinada a una pequeña área de distribución en Oriente Próximo. De repente, al cabo de solo unos pocos milenios, crecía por todo el mundo. Según los criterios evolutivos básicos de supervivencia y reproducción, el trigo se ha convertido en una de las plantas de más éxito en la historia de la Tierra. En áreas como las Grandes Llanuras de Norteamérica, donde hace 10.000 años no crecía ni un solo tallo de trigo, en la actualidad se pueden recorrer centenares y centenares de kilómetros sin encontrar ninguna otra planta. En todo el mundo, el trigo cubre 2,25 millones de kilómetros cuadrados de la superficie del planeta, casi diez veces el tamaño de Gran Bretaña. ¿Cómo pasó esta hierba de ser insignificante a ser ubicua? 

 El trigo lo hizo manipulando a Homo sapiens para su conveniencia. Este simio había vivido una vida relativamente confortable cazando y recolectando hasta hace unos 10.000 años, pero entonces empezó a invertir cada vez más esfuerzos en el cultivo del trigo. En el decurso de un par de milenios, los humanos de muchas partes del mundo hacían poca cosa más desde la salida hasta la puesta de sol que cuidar de las plantas del trigo. No era fácil. El trigo les exigía mucho. Al trigo no le gustan las rocas y los guijarros, de manera que los sapiens se partían la espalda despejando los campos. Al trigo no le gusta compartir su espacio, agua y nutrientes con otras plantas, de modo que hombres y mujeres trabajaban durante largas jornadas para eliminar las malas hierbas bajo el sol abrasador. El trigo enfermaba, de manera que los sapiens tenían que estar atentos para eliminar gusanos y royas. El trigo se hallaba indefenso frente a otros organismos a los que les gustaba comérselo, desde conejos a enjambres de langostas, de modo que los agricultores tenían que vigilarlo y protegerlo. El trigo estaba sediento, así que los humanos aportaban agua de manantiales y ríos para regarlo. Su insaciabilidad impulsó incluso a los sapiens a recoger heces de animales para nutrir el suelo en el que el trigo crecía. 

Desventajas de la agricultura

 El cuerpo de Homo sapiens no había evolucionado para estas tareas. Estaba adaptado a trepar a los manzanos y a correr tras las gacelas, no a despejar los campos de rocas ni a acarrear barreños de agua. La columna vertebral, las rodillas, el cuello y el arco de los pies pagaron el precio. Los estudios de esqueletos antiguos indican que la transición a la agricultura implicó una serie de dolencias, como discos intervertebrales luxados, artritis y hernias. Además, las nuevas tareas agrícolas exigían tanto tiempo que las gentes se vieron obligadas a instalarse de forma permanente junto a sus campos de trigo. Esto cambió por completo su modo de vida. No domesticamos el trigo. El término «domesticar» procede del latín domus, que significa «casa». ¿Quién vive en una casa? No es el trigo. Es el sapiens. 

Planta del arroz
Una dieta más pobre

 ¿De qué manera convenció el trigo a Homo sapiens para cambiar una vida relativamente buena por una existencia más dura? ¿Qué le ofreció a cambio? Desde luego, no le ofreció una dieta mejor. Recordemos que los humanos son simios omnívoros que medran a base de una amplia variedad de alimentos. Los granos suponían solo una pequeña fracción de la dieta humana antes de la revolución agrícola. Una dieta basada en cereales es pobre en minerales y vitaminas, difícil de digerir y realmente mala para los dientes y las encías. 

Inseguridad económica

 El trigo no confirió seguridad económica a la gente. La vida de un campesino es menos segura que la de un cazador-recolector. Los cazadores-recolectores se basaban en decenas de especies para sobrevivir, y por lo tanto podían resistir los años difíciles incluso sin almacenes de comida conservada. Si la disponibilidad de una especie se reducía, podían recolectar y cazar otras especies. Hasta hace muy poco, las sociedades agrícolas se han basado para la mayor parte de su ingesta de calorías en una pequeña variedad de plantas domésticas. En muchas áreas se basaban en una única planta, como el trigo, las patatas o el arroz. Si las lluvias fallaban o llegaban plagas de langostas o si un hongo aprendía cómo infectar a esta especie alimentaria básica, los campesinos morían por miles y millones. 

Planta de la patata
Una sociedad violenta

El trigo tampoco podía ofrecer seguridad contra la violencia humana. Los primeros agricultores eran al menos tan violentos como sus antepasados cazadores-recolectores, si no más. Los agricultores tenían más posesiones y necesitaban terreno para plantar. La pérdida de tierras de pastos debido a las incursiones de vecinos podía significar la diferencia entre la subsistencia y la hambruna, de manera que había mucho menos margen para el compromiso. Cuando una banda de cazadores-recolectores se veía acosada por un rival más fuerte, por lo general podía marcharse. Era difícil y peligroso, pero era factible. Cuando un enemigo fuerte amenazaba una aldea agrícola, la retirada significaba ceder los campos, las casas y los graneros. En muchos casos, esto condenaba a los refugiados a morirse de hambre. Por lo tanto, los agricultores tendían a quedarse en su tierra y a luchar hasta las últimas consecuencias. 

 Muchos estudios antropológicos y arqueológicos indican que en las sociedades agrícolas simples, sin marcos políticos más allá de la aldea y la tribu, la violencia humana era responsable de un 15 por ciento de las muertes, incluido un 25 por ciento de las muertes de hombres. En la Nueva Guinea contemporánea, la violencia explica el 30 por ciento de las muertes de hombres en una sociedad tribal agrícola, los dani, y el 35 por ciento en otra, los enga. ¡En Ecuador, quizá hasta el 50 por ciento de los waorani adultos sufren una muerte violenta a manos de otro humano![2] Con el tiempo, la violencia humana se puso bajo control mediante el desarrollo de estructuras sociales mayores: ciudades, reinos y estados. Pero hicieron falta miles de años para construir estas estructuras políticas enormes y efectivas". Yuval Noah. HARARI Sapiens. De animales a Dioses. Breve historia de la humanidad. Barcelona: Debate 2015.  pp. 97-101.


4. Un crecimiento demográfico exponencial. 

 Lo que si produjo el descubrimiento de la agricultura fue un crecimiento demográfico exorbitante. La especie humana a partir de la Era agrícola se multiplicó exponencialmente, y al ser más, afianzamos de modo irreversible nuestro dominio sobre el Planeta. 

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS "SAPIENS"

 La vida en las aldeas aportó ciertamente a los primeros agricultores algunos beneficios inmediatos, como una mejor protección contra los animales salvajes, la lluvia y el frío. Pero para la persona media, las desventajas probablemente sobrepasaban a las ventajas. Esto resulta difícil de apreciar por parte de las personas que viven en las sociedades prósperas de hoy en día. Debido a que gozamos de abundancia y seguridad, y puesto que nuestra abundancia y seguridad se han construido sobre los cimientos que estableció la revolución agrícola, suponemos que esta fue una mejora maravillosa. Pero es erróneo juzgar miles de años de historia desde la perspectiva actual. Un punto de vista mucho más representativo es el de una niña de tres años de edad que muere de desnutrición en la China del siglo I porque los cultivos de su padre no han prosperado. ¿Acaso diría «Me estoy muriendo de desnutrición, pero dentro de 2.000 años la gente tendrá comida abundante y vivirá en casas con aire acondicionado, de modo que mi sufrimiento es un sacrificio que vale la pena»? 

 ¿Qué es, pues, lo que el trigo ofrecía a los agriculturalistas, incluida esta niña china desnutrida? No ofrecía nada a la gente en tanto que individuos, pero sí confirió algo a Homo sapiens como especie. Cultivar trigo proporcionaba mucha más comida por unidad de territorio, y por ello permitió a Homo sapiens multiplicarse exponencialmente. Hacia el año 13000 a.C., cuando las gentes se alimentaban recolectando plantas silvestres y cazando animales salvajes, el área alrededor del oasis de Jericó, en Palestina, podía sostener todo lo más una tropilla errante de 100 personas relativamente saludables y bien alimentadas. Hacia el 8500 a.C., cuando las plantas silvestres habían dado paso a los campos de trigo, el oasis sostenía una aldea grande pero hacinada de 1.000 personas, que padecían mucho más de enfermedades y desnutrición. 

 La moneda de la evolución no es el hambre ni el dolor, sino copias de hélices de ADN. De la misma manera que el éxito económico de una compañía se mide solo por el número de dólares en su cuenta bancaria y no por la felicidad de sus empleados, el éxito evolutivo de una especie se mide por el número de copias de su ADN. Si no quedan más copias de ADN, la especie se extingue, de la misma manera que una compañía sin dinero está en bancarrota. Si una especie puede alardear de muchas copias de ADN, es un éxito, y la especie prospera. Desde esta perspectiva, 1.000 copias siempre son mejores que 100 copias. Esta es la esencia de la revolución agrícola: la capacidad de mantener más gente viva en peores condiciones.  [...]" Y. N. Harari Sapiens cit. pp. 117-119.

5. Ciudades e Imperios

Por otra parte, cuando los sapiens empiezan a producir su sustento mediante el cultivo y la ganadería, pasan de trashumantes a sedentarios y empiezan a surgir grandes agrupaciones humanas en un mismo territorio: “órdenes imaginados” 

Ruinas de Jericó, la ciudad más antigua de la Historia




"UN ORDEN IMAGINADO 

"Los excedentes de alimentos producidos por los campesinos, junto con una nueva tecnología del transporte, acabaron permitiendo que cada vez más gente se hacinara primero en aldeas grandes, después en pueblos y, finalmente, en ciudades, todas ellas unidas por nuevos reinos y redes comerciales. 

 Sin embargo, para sacar partido de estas nuevas oportunidades, los excedentes de alimentos y el transporte mejorado no eran suficientes. El simple hecho de que se pueda dar de comer a mil personas en el mismo pueblo o a un millón de personas en el mismo reino no garantiza que puedan ponerse de acuerdo en cómo dividir la tierra y el agua, en cómo zanjar disputas y conflictos, y en cómo actuar en épocas de sequía o de guerra. Y si no se puede llegar a ningún acuerdo, los conflictos se extienden, aunque los almacenes estén repletos. No fue la carestía de los alimentos lo que causó la mayor parte de las guerras y revoluciones de la historia. La Revolución francesa fue encabezada por abogados ricos, no por campesinos hambrientos. La República romana alcanzó su máximo apogeo en el siglo I a.C., cuando flotas cargadas de tesoros procedentes de todo el Mediterráneo enriquecían a los romanos superando los sueños más visionarios de sus antepasados. Y, sin embargo, fue en ese momento de máxima prosperidad cuando el orden político romano se desplomó en una serie de mortíferas guerras civiles. Yugoslavia tenía en 1991 recursos suficientes para alimentar a todos sus habitantes, y aun así se desintegró en un baño de sangre terrible.  El problema de raíz de dichos desastres es que los humanos evolucionaron durante millones de años en pequeñas bandas de unas pocas decenas de individuos. Los pocos milenios que separan la revolución agrícola de la aparición de ciudades, reinos e imperios no fueron suficientes para permitir la evolución de un instinto de cooperación en masa. 

 A pesar de la carencia de estos instintos biológicos, durante la era de los cazadores-recolectores, cientos de extraños pudieron cooperar gracias a sus mitos compartidos. Sin embargo, dicha cooperación era laxa y limitada. Cada cuadrilla de sapiens continuó desarrollando su vida de manera independiente y proveyendo la mayor parte de sus necesidades. Un sociólogo arcaico que hubiera vivido hace 20.000 años, que no tuviera conocimiento de los acontecimientos que siguieron a la revolución agrícola, bien pudiera haber llegado a la conclusión de que la mitología tenía muy pocas posibilidades de salir airosa. Los relatos sobre espíritus ancestrales y tótems tribales eran lo bastante fuertes para permitir que 500 personas intercambiaran conchas marinas, celebraran un festival ocasional y unieran fuerzas para exterminar a una banda de neandertales, pero nada más. La mitología, habría pensado el sociólogo de la antigüedad, no podría haber capacitado a millones de extraños para cooperar cada día. 

 Pero esto resultó ser erróneo. Aconteció que los mitos son más fuertes de lo que nadie podía haber imaginado. Cuando la revolución agrícola abrió oportunidades para la creación de ciudades atestadas e imperios poderosos, la gente inventó relatos acerca de grandes dioses, patrias y sociedades anónimas para proporcionar los vínculos sociales necesarios. Aunque la evolución humana seguía arrastrándose a su paso usual de caracol, la imaginación humana construía asombrosas redes de cooperación en masa, distintas a cualesquiera otras que se hubieran visto en la Tierra. 

 Hacia el año 8500 a.C., los mayores poblados del mundo eran aldeas como Jericó, en la que vivían unos pocos cientos de individuos. Hacia 7000 a.C., la ciudad de Çatalhöyük, en Anatolia, contaba entre 5.000 y 10.000 habitantes, probablemente el mayor poblado del mundo de la época. Durante el quinto y cuarto milenio a.C., en el Creciente Fértil surgieron ciudades con decenas de miles de habitantes, y cada una de ellas dominaba sobre muchos pueblos de las inmediaciones. En 3100 a.C., todo el valle del Nilo inferior fue unificado en el primer reino egipcio. Sus faraones gobernaban sobre miles de kilómetros cuadrados y cientos de miles de personas. Hacia el año 2250 a.C., Sargón el Grande forjó el primer imperio, el acadio. Se jactaba de tener un millón de súbditos y un ejército permanente de 5.400 soldados. Entre 1000 a.C. y 500 a.C., aparecieron los primeros megaimperios en Oriente Próximo: el Imperio asirio tardío, el Imperio babilonio y el Imperio persa. Gobernaban a varios millones de súbditos y mandaban a decenas de miles de soldados. 

 En el año 221 a.C. la dinastía Qin unió China, y poco después Roma unió la cuenca del Mediterráneo. Los impuestos recaudados a 40 millones de súbditos qin pagaban un ejército permanente de cientos de miles de soldados y una compleja burocracia que empleaba a más de 100.000 funcionarios. En su cénit, el Imperio romano recaudaba impuestos de hasta 100 millones de súbditos. Estos ingresos financiaban un ejército permanente de 250.000-500.000 soldados, una red de carreteras que todavía se usaba 1.500 años después y teatros y anfiteatros que desde entonces y hasta hoy han albergado espectáculos. 

 Sin duda, es impresionante pero no hemos de hacernos falsas ilusiones acerca de las «redes de cooperación en masa» que operaban en el Egipto de los faraones o en el Imperio romano. «Cooperación» suena muy altruista, si bien no siempre es voluntaria y rara vez es igualitaria. La mayoría de las redes de cooperación humana se han organizado para la opresión y la explotación. Los campesinos pagaban las redes de cooperación iniciales con sus preciosos excedentes de alimentos, y se desesperaban cuando el recaudador de impuestos eliminaba todo un año de arduo trabajo con un simple movimiento de su pluma imperial. Los famosos anfiteatros romanos solían ser construidos por esclavos, para que los romanos ricos y ociosos pudieran contemplar a otros esclavos enzarzarse en terribles combates de gladiadores. Incluso las prisiones y los campos de concentración son redes de cooperación, y pueden funcionar únicamente porque miles de extraños consiguen coordinar de alguna manera sus acciones. 

 Todas estas redes de cooperación, desde las ciudades de la antigua Mesopotamia hasta los imperios qin y romano, eran «órdenes imaginados». Las normas sociales que los sustentaban no se basaban en instintos fijados ni en relaciones personales, sino en la creencia en mitos compartidos". Y. N. Harari Sapiens cit. pp.   121-124.

  En la medida en que la Revolución agrícola provoca una concentración de seres humanos en un territorio concreto y esto fuerza a los habitantes de dicho territorio a organizarse se habla de “Revolución neolítica”, que propicia la sucesiva aparición de las ciudades, y más tarde de los imperios. Hoy las agrupaciones humanas más conocidas y eficaces son los “estados”. Hay 193 en las Naciones Unidas. Aquí tenéis la lista:   https://www.saberespractico.com/cultura/paises-onu/

Ciudades

Jericó, la primera ciudad de la historia (hace 12.000 años)


Çataloyuk (Turquía) Hace 9000 años

Imperios: 

                                      El Imperio Acadio, el primer imperio de la historia (hace más de 4000 años)

Sargón (2335-2279), primer emperador de la Historia
 

Akad, la capital de Sargón

Ruinas de Akad hoy

6. Aparecen las clases sociales.

 A todo ello hay que añadir que la Revolución agrícola por vez primera en la Historia de la Humanidad "estratifica la sociedad." En la era de las cavernas y de los cazadores recolectores no había grupos sociales distintos. El instinto de supervivencia prevalecía y era verdad la divisa de los Tres mosqueteros: "Todos para uno y uno para todos." No obstante, tras la aparición de la agricultura, al imponer una organización social rigida permitió la aparición de las "élites consentidas" que con el tiempo se llamaron "estamentos privilegiados" o -Marx dixit- clases sociales. :

 "Los diligentes campesinos nunca consiguieron la seguridad económica futura que tanto ansiaban mediante su duro trabajo en el presente. Por todas partes surgían gobernante sy élites, que vivian a costa de los excedentes de alimentos de los campesinos y que sólo les dejaban con una mersa subsistencia. 

Estos excedentes alimentarios confiscados impulsaron la política, las guerras, el arte y la filosofía. Construyeron palacios, fuertes, monumentos y templos. Hasta la época moderna tardía, más del 90 por ciento de los humanos eran campesinos que se levantaban cada mañana para la brar la tierra con el sudor de su frente. Los excedentes que producían alimentaban a la reducida minoría de élites (reyes, funcionarios gubernamentales, soldados, sacerdotes, artistas y pensadores) que llenan los libros de Historia. La historia es algo que ha hecho muy poca gente mientras que todos los demás araban los campos y acarreaban barreños de agua" Y. N. Harari Sapiens citp. 121. 

7. Empieza la aproximación “Pop” al Derecho

 Tras analizar la esencia de la Revolución agrícola y sus “neolíticas” consecuencias podemos ya adentrarnos en el Tratado de Derecho Pop, el texto que vamos a utilizar para iniciaros históricamente al “Derecho”.


 Esta semana veremos la Primera temporada en la que vamos a analizar dos aspectos. Primero por qué el ser humano se acaba imponiendo al resto de los seres vivos del planeta, lo que consigue porque se convierte en un animal social. Y segundo porque logra preservar esa sociabilidad que le permite cooperar en grupos humanos cada vez más numerosos mediante el establecimiento de mecanismos de resolución de conflictos que evitan que las disputas internas del grupo degeneren en guerra abierta que podría desintegrar el grupo y acabar con la convivencia y la cooperación. El Sapiens es un animal social gracias a que también desde el principio se convierte en un “animal jurídico”. De ahí que la Primera Temporada de nuestra historia Pop del Derecho tenga el título de “Un animal social… Y jurídico”. Esta primera temporada está integrada por dos episodios. En el primero se cuenta como el ser humano se convirtió en “El animal que conquistó el mundo” (pgs. 41- 49) gracias al desarrollo de su “sociabilidad”. En el segundo veremos que al ser un ser social los Sapiens inventa el “derecho” ya que no cabe concebir una sociedad sin la existencia de un “orden jurídico”, de ahí el conocidísimo aforismo latino “Ubi societas ibi ius”: donde hay sociedad hay derecho (pgs. 51-62).  

8. ¿Por qué somos tantos?

 Algunos hombres consiguen vivir solos como los eremitas, que se dedican en soledad a vivir en la oración. Sin embargo el hombre solo más famoso es Robinson Crusoe, que existió de verdad pues muy probablemente Daniel Defoe se inspiró en la historia del marino escocés Alexander Selkirk (1676-1721). 

Estatua de Selkirk en Lower Largo Fife (Escocia)

 Sin embargo en realidad los sapiens nos hemos multiplicado tanto que no solo somos 8000 millones actualmente sino que no podemos vivir solos. Y ello porque hemos aprendido a cooperar en masa, gracias a nuestro lenguaje y nuestro intelecto producto de la Revolución cognitiva. 

 9. ¿Cómo conseguimos no matarnos los unos a los otros? 

 Pero vivir todos juntos no es fácil. Pues a medida que los grupos humanos empiezan a ser cada vez más numerosos las peleas entre sus miembros son más frecuentes y peligrosas Como en este dibujo extraído de uno de los cómics de Astérix el galo, de Goscinny y Uderzo. 

 El problema de estas peleas es que puedan degenerar en Guerra como ocurrió por ejemplo en la Guerra de Troya (Tratado de Derecho pop pgs. 52-55) o en  la Batalla de Waterloo (18 de junio de 1815). 

Brad Pitt en la película Troya (2004)

No obstante estos conflictos entre humanos que son el pan nuestro de cada día por fortuna no siempre degeneraban en guerra que podía poner en peligro la cohesión del grupo porque, cuando dos o más miembros de la tribu se peleaban, los demás lograban reducirles y trataban de resolver el conflicto por una vía que no fuese una guerra abierta que acabara con la convivencia del grupo. De hecho fuimos desarrollando unos mecanismos de actuación que permitían que el grupo se interpusiera entre los rivales cortando en seco la “cadena de represalias”. El primero fue la Ley del talión ( (pgs. 57-58), el segundo fue el pago de multas (pg.58).

Estos mecanismos de resolución de conflictos que imponía la autoridad del grupo constituyen el núcleo inicial de lo que hoy llamamos “derecho”. Y a medida que las sociedades integraron a un mayor número de personas y fueron organizándose de manera más eficaz (ciudades, imperios, estados) el derecho fue haciéndose más sofisticado y complejo. El mejor ejemplo fue el caso de Roma, un pueblo que se convirtió en un gran Imperio gracias a que desarrolló unos mecanismos de resolución de conflictos muy eficaces. Por eso el Derecho romano se acabó convirtiendo en la base jurídica de la Civilización occidental (Tratado de Derecho pop: 2ª temporada, episodios 3, 4 y 5). 

 El “derecho” es muy importante, ya que gracias a él, hemos conseguido cooperar en grupos cada vez más numerosos y organizados. Por eso no es exagerado decir que la historia de la humanidad es buena medida la de los mecanismos dirigidos a resolver nuestras diferencias. Es decir: “el derecho”. Moraleja: controlamos el mundo como especie dominante gracias al derecho. Razón importante para que empecemos a estudiarlo. 


10. Fechas

Esta semana tendréis que “familiarizaros” con las fechas siguientes: 

 

12.000  La revolución agrícola. Domesticación de plantas y animales.  Asentamientos permanentes. 

10.000 a. C.  Fundación de Jericó.  

7.500 Surge la ciudad de Çataloyuk (Asia Menor, actual Turquía). 


Cuarto Milenio A.C. 

3.800  Fundación de la ciudad de Ur (Sumeria). 

3.500 (aprox)  Aparición de la escritura cuneiforme en Mesopotamia. 

3000 Inicio de la cultura Minoica (Knosos hacia 1700).


Tercer Milenio a. C.

2600 Inicio civilización de Mohenjo Daro (India) 

2.500   Construcción de las Pirámides de Egipto de Gizah (Keops, Kefrén y Micherinos).

2334-2154 a. C.   Primer imperio – El Imperio acadio de Sargón. 


Segundo Milenio a. C.


1.750  Código de Hammurabi

1.600 Inicio de la cultura Micénica

1.300 a. C. (aprox)   Moisés saca al pueblo judío de Egipto. Origen Judaísmo.  

1250 (Aprox)  Toma de Troya por los aqueos de Agamenón. (Homero autor de la Iliada y la Odisea vivió en el siglo VIII a. C.)

1200 Aparición de los fenicios (Tiro y Sidón).


Primer Milenio a. C. 

965-928    Reinado de Salomón (Empieza a ponerse por escrito la Biblia : Antiguo Testamento) 

800 a. C. (aprox) Aparición del alfabeto griego

776 Creación de los Juegos olímpicos

753, 23 de abril: Fecha mítica de la Fundación de Roma (Rómulo y Remo)

640 a.C.  Primera acuñación de moneda en Lidia (Asia Menor)

570-507  Clístenes creador de la Democracia ateniense

563-483 a, C. Buda en la India,  

551 a 479 Confucio  en China (Orden de los antepasados).

509  Creación mítica de la República romana

495-429 a. C. Pericles (Apogeo de Atenas). 


11. Ejercicios

Esta semana corresponde familiarizaros con la cronología antecedente y leer cuidadosamente los textos incluidos en esta entrada, además de los episodios 1 y 2 de Tratado de Derecho Pop (pgs. 39 a 62) a los efectos de desarrollar en vuestro Cuaderno de Clase los conceptos y preguntas siguientes sin recurrir a la IA ni a ningún adminículo electrónico. Solo necesitáis vuestra capacidad de compresión, de análisis y de síntesis. Me interesa que uséis vuestras propias palabra. Por supuesto podéis consultar las dudas que os surjan.  

a) CONCEPTOS: 

1. Revolución agrícola. 2. Revolución neolítica. 3. Orden imaginado. 4. Fiesta  de las Panateneas. 5. Animal social. 6. Animal Jurídico. 7. Élites consentidas. 8. Alexander Selcraig. 9. Venganza privada. 10. Cadena de represalias. 11. Ley del talión (Origen etimológico). 12. Principio de compensación pecuniaria. 13. Beatus Ille. 14. Benito de Nursia. 15. Baojía (China Ming). 16. Sociedad paya. 


b) PREGUNTAS:


1. ¿Cuál es la diferencia esencial entre el Paleolítico (piedra antigua) y el Neolítico (piedra nueva). 

2. ¿Por qué para Y. N. Harari, la Revolución agrícola es el mayor fraude de la historia? 

3. ¿Quiénes son los culpables de la RA según el historiador israelí? Parte de explicar porqué según él las plantas domesticaron a los “sapiens”.  

4. ¿Cuáles fueron las consecuencias demográficas de la RA? ¿Y las consecuencias sociales (estratificación)? 

5. ¿Qué significa que en las sociedades agrícolas acaban apareciendo “órdenes imaginados”?

6. ¿Por qué según Guglielmo Ferrero los humanos hemos elegido vivir agrupados? (Episodio 1)

7. ¿En qué coincide Harari con Aristóteles a la hora de explicar la singularidad humana? (Episodio 1)

8. En la Guerra de Troya ¿Quién era Menelao y quien era Agamenón? (Episodio 2)

9. ¿Por qué el restablecimiento del orden en un grupo determinado no puede quedar en manos privadas?  (Episodio 2) 

10. ¿Cuáles son los primeros mecanismos que los humanos utilizan para cortar la cadena de represalias? (Episodio 2)

11. ¿Cómo se resuelven los conflictos en grupos pequeños? Parte del ejemplo de las comunidades locales de la Dinastía Ming en China y de la sociedad gitana. 

      Un mundo superpoblado. Conney Island, playa de Nueva York, en el verano de 1940. (Fotografía de Wee Gee)


viernes, 11 de septiembre de 2026

¡POR QUÉ LOS SAPIENS DOMINAMOS LA TIERRA?

 


1. Situándonos en el tiempo

Aquí estamos dispuestos a aprender historia. La Historia lidia con los acontecimientos del pasado. La pregunta obligada es: ¿para qué nos sirve conocer el pasado?

El pasado es importante porque nos permite comprender el presente. Lo que ocurre hoy es consecuencia de lo que ocurrió ayer. Y cómo se desarrolle el futuro depende en muy gran medida de cómo se desarrolla el presente. 

La realidad humana presente es un lío monumental porque todo se transforma a toda velocidad sin que a nuestra inteligencia, acostumbrada a manejar conceptos estáticos, le dé tiempo a comprender lo que nos pasa. El pasado, en cambio, es invariable. Se presta pues mejor a nuestra comprensión. De hecho, al estudiarlo descubrimos algunas claves esenciales para comprender el presente. Para eso “sirve” la Historia, como destaca Yuval Noah Harari en el texto siguiente: 

 "EL TRABAJO DE HISTORIADOR

 En un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder. En teoría, cualquiera puede intervenir en el debate acerca del futuro de la humanidad, pero es muy difícil mantener una visión clara. Con frecuencia, ni siquiera nos damos cuenta de que se produce un debate, o de cuáles son las cuestiones clave. Somos miles de millones las personas que apenas podemos permitirnos el lujo de indagar en estos asuntos, porque tenemos cosas más acuciantes que hacer: ir a trabajar, cuidar de los niños u ocuparnos e unos padres ya ancianos. Lamentablemente, la historia no hace concesiones. Si el futuro de la humanidad se decide en nuestra ausencia, porque estamos demasiado ocupados dando de comer y vistiendo a nuestros hijos, ni ellos ni nosotros nos libraremos de las consecuencias. Esto es muy injusto, pero ¿quien dijo que la historia era justa?

Como historiador, no puedo proporcionar a la gente comida ni ropa, pero si intentar ofrecer cierta claridad, y de este modo contribuir a nivelar el terreno del juego global. Si esto empodera aunque solo sea a un puñado de personas para que se incorporen al debate sobre el futuro de nuestra especie, habré hecho mi trabajo".

Y. N. Harari (2018) 21 lecciones para el siglo XXI Barcelona: Penguin Random House. p. 11.

Yuval Noah Harari (1976)

 La Historia pues no solo sirve para pasar un buen rato ya que las historias del pasado son muy entretenidas y muchas de ellas apasionantes. Y eso es otro aliciente para estudiar historia. Porque la realidad siempre sobrepasa la ficción. La Historia es indispensable para comprender nuestra civilización. De hecho su conocimiento es lo que nos convierte en seres civilizados, como pone de relieve José Ortega y Gasset en el texto siguiente: 

PRIMITIVISMO E HISTORIA

“Civilización avanzada es una y misma cosa con problemas arduos. De aquí que cuanto mayor sea el progreso, más en peligro está. La vida es cada vez mejor, pero, bien entendido, cada vez más complicada. Claro es que al complicarse los problemas se van perfeccionando también los medios para resolverlos. Pero es menester que cada nueva generación se haga dueña de esos medios adelantados. 

 Entre estos —por concretar un poco— hay uno perogrullescamente unido al avance de una civilización, que es tener mucho pasado a su espalda, mucha experiencia; en suma: “historia”. El saber histórico es una técnica de primer orden para conservar y continuar una civilización provecta. No porque dé soluciones positivas al nuevo cariz de los conflictos vitales —la vida es siempre diferente de lo que fue—, sino porque evita cometer errores ingenuos de otros tiempos. Pero si usted, encima de ser viejo, y, por lo tanto, de que su vida empieza a ser difícil, ha perdido la memoria del pasado, no aprovecha usted su experiencia, entonces todo son desventajas. Pues yo creo que ésta es la situación de Europa. Las gentes más cultas de hoy padecen una ignorancia histórica increíble. Yo sostengo que hoy sabe el europeo dirigente mucha menos historia que el hombre del siglo XVII, y aún del XVIII. Aquel saber histórico de las minorías gobernantes —gobernantes sensu lato— hizo posible el avance prodigioso del siglo XIX. Su política está pensada —por el XVIII— precisamente para evitar los errores de todas las políticas antiguas, está ideada precisamente para evitar los errores de todas las políticas antiguas, está ideada en vista de esos errores y resume en su sustancia la más larga experiencia. Pero ya el siglo XIX comenzó a perder cultura histórica, a pesar de que en su transcurso los especialistas la hicieron avanzar muchísimo como ciencia. A este abandono no se deben en buena parte sus peculiares errores, que hoy gravitan sobre nosotros. En su último tercio se inició —aún subterráneamente— la involución, el retroceso a la barbarie, esto es, a la ingenuidad y primitivismo de quien no tiene u olvida su pasado (…).  

 Quien aspire verdaderamente a crear una nueva realidad social o política necesita preocuparse ante todo de que estos humildísimos lugares comunes de la experiencia histórica queden invalidados por la situación que él suscita. Por mi parte, reservaré la calificación de genial para el político que apenas comience a operar comiencen a volverse locos los profesores de Historia de los institutos, en vista de que todas las leyes de su ciencia resultan caducadas, interrumpidas y hechas cisco. 

 Sería todo muy fácil si con un no mondo y lirondo aniquilásemos el pasado. Pero el pasado es por esencia revenant. Si se le echa, vuelve, vuelve irremediablemente. Por eso su única auténtica separación es no echarlo. Contar con él. Comportarse en vista de él para sortearlo, para evitarlo. En suma, vivir a la altura de los tiempos, con hiperestésica conciencia de la coyuntura histórica. 

 El pasado tiene razón, la suya. Si no se le da esa que tiene, volverá para reclamarla y, de paso, a imponer la que no tiene (…). 

 Europa no tiene remisión si su destino no es puesto en manos de gentes verdaderamente contemporáneas que sientan bajo sí palpitar todo el subsuelo histórico, que conozcan la altitud presente de la vida y repugnen todo gesto arcaico y silvestre. Necesitamos de la historia íntegra para ver si logramos escapar de ella, no recaer en ella.”

José ORTEGA Y GASSET (2007) La rebelión de las masas, primera edición, Madrid: Revista de Occidente, 1930; edición manejada, 42ª,  Madrid: Espasa Calpe, págs. 123-124. 

                                                                       

José Ortega y Gasset (1883-1955) 

                                                           

2. La cronología.

 Estudiar historia tiene de entrada un pequeño inconveniente. Hay que situarse en el tiempo y para ello es preciso recurrir a la CRONOLOGÍA. Os cuento esto porque os voy a pedir que os “familiaricéis” con algunas fechas. Con objeto de que os podáis situar en el tiempo. Y ello con el objetivo sencillo de que sepáis qué acontecimiento ocurrió antes y cual después. Pues la concatenación de los hechos nos ofrece claves importantes para entender el presente. 

Lo primero sin embargo es “situarnos” en el tiempo. Así que os pido que os familiaricéis con algunas fechas. En el Aula virtual tenéis varias cronologías, y cada semana en este blog os iré indicando  las que os tenéis que aprender para el examen. Las de esta semana son las siguientes: 

ALGUNAS FECHAS

4.500 millones     a.C.   Formación del planeta Tierra

3.800 millones      a.C.     Aparición de los organismos. Inicio de la biología 

4 millones   a. C.   Primeros homínidos

500.000 a. C.  Los neandertales aparecen por evolución en Europa y Oriente Próximo.

200.000 a.C.  Aparece por evolución Homo sapiens en África oriental.

70.000 a.C.  La revolución cognitiva. Aparición del lenguaje ficticio.  Inicio de la historia. Los sapiens se extienden fuera de África. 

3. Un ser más en el Planeta

 Esta semana simplemente quiero que situéis a los humanos en la historia del Planeta Tierra, al hilo de una sencilla reflexión: ¿Por qué la especie humana domina la Tierra? ¿Por qué una especie que empieza como un animal más, acaba convirtiéndose en el dueño de todo lo que existe en el mundo, en detrimento de las demás especies animales y vegetales y de los recursos del Planeta que hoy desperdiciamos de forma tan alarmante?

 Hoy los sapiens somos 8.000 millones de personas en el Planeta, y vivimos en un planeta superpoblado. Hasta el punto de que según los ecologistas nos estamos cargando el Medioambiente. 


 Charles Darwin (1809-1882) revolucionó la historia biológica al desarrollar la teoría del evolucionismo. Desde su perspectiva los seres humanos no son creados por Dios a su imagen y semejanza. Son unos seres que han evolucionado de otros seres vivos. La vida surgiría tras la formación de la Tierra y poco a poco fueron diversificándose las distintas especies, hasta que aparecen los homínidos hace unos 4 millones de años, aproximadamente. 

Charles Darwin (1809-1882)

El Sapiens es el último eslabón en la cadena evolutiva de los homínidos, como pone de relieve Y. N. Harari en el texto siguiente: 

“DIVERSAS ESPECIES DE HOMÍNIDOS

 Estamos acostumbrados a pensar en nosotros como la única especie humana que hay, porque durante los últimos 10.000 años nuestra especie ha sido, efectivamente, la única especie humana de estos pagos. Pero el significado real de la palabra humano es «un animal que pertenece al género Homo», y hubo otras muchas especies de este género además de Homo sapiens.

Los humanos evolucionaron por primera vez en África oriental hace unos 2,5 millones de años, a partir de un género anterior de simios llamado Australopithecus, que significa «simio austral». Hace unos dos millones de años, algunos de estos hombres y mujeres arcaicos dejaron su tierra natal para desplazarse a través de extensas áreas del norte de África, Europa y Asia e instalarse en ellas. Puesto que la supervivencia en los bosques nevados de Europa septentrional requería rasgos diferentes que los necesarios para permanecer vivo en las vaporosas junglas de Indonesia, las poblaciones humanas evolucionaron en direcciones diferentes. El resultado fueron varias especies distintas, a cada una de las cuales los científicos han asignado un pomposo nombre en latín.

Los humanos en Europa y Asia occidental evolucionaron en Homo Neanderthalensis («hombre del valle del Neander»), a los que de manera popular se hace referencia simplemente como «neandertales». Los neandertales, más corpulentos y musculosos que nosotros, sapiens, estaban bien adaptados al clima frío de la Eurasia occidental de la época de las glaciaciones.

Mientras estos humanos evolucionaban en Europa y Asia, la evolución en África oriental no se detuvo. La cuna de la humanidad continuó formando numerosas especies nuevas, como Homo Rudolfensis, «hombre del lago Rodolfo», Homo Ergaster, «hombre trabajador», y finalmente nuestra propia especie, a la que de manera inmodesta bautizamos como Homo Sapiens, «hombre sabio».

Es una falacia común considerar que estas especies se disponen en una línea de descendencia directa: H. Ergaster engendró a H. Erectus, este a los neandertales, y los neandertales evolucionaron y dieron origen a nosotros. Este modelo lineal da la impresión equivocada de que en cualquier momento dado solo un tipo de humano habitaba en la Tierra, y que todas las especies anteriores eran simplemente modelos más antiguos de nosotros. Lo cierto es que desde hace unos 2 millones de años hasta hace aproximadamente 10.000 años, el mundo fue el hogar, a la vez, de varias especies humanas. `[...] La Tierra de hace cien milenios fue hollada por al menos seis especies diferentes de hombres".

Yuval Noah HARARI (2018) Sapiens, De animales a dioses. Barcelona: Penguin Random House pp. 17-20.

                   

 Inicialmente había diversas especies humanas. Y durante mucho tiempo se pensó que los homínidos habían ido evolucionando y unas especies habían sustituido a las otras (modelo lineal). En realidad durante miles de años convivieron diversos tipos de humanos. 


Los neandertales convivían con los sapiens. 

 Si queréis haceros una idea de cómo era, por ejemplo, la convivencia de los Sapiens con los Neandertales, nada tan recomendable como leeros la espléndida novela de Jean Marie Auel El clan del oso cavernario (1980). 


O ver la estupenda película En busca del fuego de Jean Jacques Annaud (1981). Imprescindibles.                  


 La pregunta es ¿Por qué los sapiens” acabaron imponiéndose a las otras especies de homínidos? Debéis partir de la base de que los primeros seres humanos no se consideraban nada especial, simplemente formaban parte del planeta al mismo título que las plantas, los otros animales, o las formaciones geológicas. Éramos un ser más en el Cosmos. Como los primeros seres humanos no se creían los reyes del mambo eran “animistas.” Creían que todos los fenómenos naturales, las plantas, los animales tenían Alma (ánima) o espíritu y que podían comunicarse con ellos.

“UN SER MÁS EN EL COSMOS

La mayoría de los expertos están de acuerdo en que las creencias animistas eran comunes entre los antiguos cazadores-recolectores. El animismo (del latín anima, «alma» o «espíritu») es la creencia de que casi todos los lugares, todos los animales, todas las plantas y todos los fenómenos naturales tienen conciencia y sentimientos, y pueden comunicarse directamente con los humanos. Así, los animistas pueden creer que la gran roca de la cumbre de la colina tiene deseos y necesidades. La roca puede enfadarse por alguna cosa que la gente hizo y alegrarse por alguna otra acción. La roca podría amonestar a la gente o pedirle favores. Los humanos, por su parte, pueden dirigirse a la roca, para apaciguarla o amenazarla. No solo la roca, sino también el roble del fondo del valle es un ser animado, y lo mismo el río que fluye bajo la colina, la fuente en el calvero del bosque, los matorrales que crecen a su alrededor, el sendero hasta el calvero y los ratones de campo, los lobos y los cuervos que allí beben. En el mundo animista, los objetos y los seres vivos no son los únicos seres animados. Hay asimismo entidades inmateriales: los espíritus de los muertos y seres amistosos y malévolos como los que en la actualidad llamamos demonios, hadas y ángeles. 

Los animistas creen que no hay barreras entre los humanos y otros seres. Todos pueden comunicarse directamente mediante palabras, canciones, bailes y ceremonias. Un cazador puede dirigirse a un rebaño de ciervos y pedirle que uno de ellos se sacrifique. Si la caza tiene éxito, el cazador puede pedirle al animal muerto que lo perdone. Cuando alguien cae enfermo, el chamán puede contactar con el espíritu que produjo la enfermedad e intentar pacificarlo o asustarlo para que se vaya. Si es necesario, el chamán puede pedir ayuda a otros espíritus. Lo que caracteriza todos estos actos de comunicación es que las entidades a las que se invoca son seres locales. No son dioses universales, sino más bien un ciervo concreto, un árbol concreto, un río determinado, un espíritu particular. 

De la misma manera que no hay barreras entre los humanos y otros seres, tampoco hay una jerarquía estricta. Las entidades no humanas no existen simplemente para satisfacer las necesidades de los hombres. Ni tampoco son dioses todopoderosos que gobiernan el mundo a su antojo. El mundo no gira alrededor de los humanos ni alrededor de ningún otro grupo concreto de seres […]

. "La evidencia antropológica y arqueológica indica la probabilidad de que los cazadores-recolectores arcaicos fueran animistas: creían que no había una separación esencial entre los humanos y los demás animales. El mundo (es decir, el valle en cuestión y las cordilleras que lo rodeaban) pertenecía a todos sus habitantes, y cada uno de ellos seguía un conjunto de reglas comunes. Dichas reglas implicaban una negociación incesante entre todos los interesados. La gente hablaba con los animales, los árboles y las piedras, así como con hadas, demonios y fantasmas. De esta red de comunicaciones surgían los valores y las normas que obligaban por igual a humanos, elefantes, robles y espectros”. 

Y. N. Harari Sapiens pp. 71-72 y 91

 En estas condiciones, aparentemente, nuestro destino era ser un ser más en la Tierra. Y sin embargo, a día de hoy hemos acabado dominando el Planeta. ¿Por qué? Porque nos convertimos en un “animal social”, hace aproximadamente unos 70.000 años. 


4. Un Animal Social que acaba imponiéndose al entorno 

 ¿Qué pasó para que los seres humanos, y más concretamente los “Sapiens”? se hicieran con el cotarro, desplazando a los demás homínidos e imponiéndose sobre las fuerzas de la naturaleza, las plantas o los demás animales? Hay dos tipos de razones como nos explica estupendamente Yuval Noah Harari en su libro revolucionario Sapiens: de animales a dioses. (2014). 

El primer motivo de nuestra superioridad descansa en nuestros rasgos físicos, pues fue nuestra morfología como “sapiens” la que fue decisiva a la hora de potenciar que nos convirtiésemos en unos animales “superiores”: 

"LAS BASES FÍSICAS DE NUESTRA "SUPERIORIDAD"

 A pesar de sus muchas diferencias, todas las especies humanas comparten varias características distintivas. La más notable es que los humanos tienen un cerebro extraordinariamente grande en comparación con el de otros animales. Los mamíferos que pesan 60 kilogramos tienen en promedio un cerebro de 200 centímetros cúbicos. Los primeros hombres y mujeres, de hace 2,5 millones de años, tenían un cerebro de unos 600 centímetros cúbicos. Los sapiens modernos lucen un cerebro que tiene en promedio 1.200-1.400 centímetros cúbicos. El cerebro de los neandertales era aún mayor. 

El hecho de que la evolución seleccionara a favor de cerebros mayores nos puede parecer, digamos, algo obvio. Estamos tan prendados de nuestra elevada inteligencia que asumimos que cuando se trata de potencia cerebral, más tiene que ser mejor. Pero si este fuera el caso, la familia de los felinos también habría engendrado gatos que podrían hacer cálculos. ¿Por qué es el género Homo el único de todo el reino animal que ha aparecido con estas enormes máquinas de pensar? 

El hecho es que un cerebro colosal es un desgaste colosal en el cuerpo. No es fácil moverlo por ahí, en especial cuando está encerrado en un cráneo enorme. Es incluso más difícil de aprovisionar. En Homo sapiens, el cerebro supone el 2-3 por ciento del peso corporal total, pero consume el 25 por ciento de la energía corporal cuando el cuerpo está en reposo. En comparación, el cerebro de otros simios requiere solo el 8 por ciento de la energía en los momentos de reposo. Los humanos arcaicos pagaron por su gran cerebro de dos maneras. En primer lugar, pasaban más tiempo en busca de comida. En segundo lugar, sus músculos se atrofiaron. Al igual que un gobierno que reduce el presupuesto de defensa para aumentar el de educación, los humanos desviaron energía desde los bíceps a las neuronas. No es en absoluto una conclusión inevitable que esto sea una buena estrategia para sobrevivir en la sabana. Un chimpancé no puede ganar a Homo sapiens en una discusión, pero el simio puede despedazar al hombre como si fuera una muñeca de trapo. 

Hoy en día nuestro gran cerebro nos compensa magníficamente, porque podemos producir automóviles y fusiles que nos permiten desplazarnos mucho más deprisa que los chimpancés y dispararles desde una distancia segura en lugar de pelear con ellos. Pero coches y armas son un fenómeno reciente. Durante más de dos millones de años, las redes neuronales humanas no cesaron de crecer, aunque dejando aparte algunos cuchillos de pedernal y palos aguzados, los humanos tenían muy poca cosa que mostrar. ¿Qué fue entonces lo que impulsó la evolución del enorme cerebro humano durante estos dos millones de años? Francamente, no lo sabemos. 

Otro rasgo humano singular es que andamos erectos sobre dos piernas. Al ponerse de pie es más fácil examinar la sabana en busca de presas o de enemigos, y los brazos que son innecesarios para la locomoción quedan libres para otros propósitos, como lanzar piedras o hacer señales. Cuantas más cosas podían hacer con las manos, más éxito tenían sus dueños, de modo que la presión evolutiva produjo una concentración creciente de nervios y de músculos finamente ajustados en las palmas y los dedos. Como resultado, los humanos pueden realizar tareas muy intrincadas con las manos. En particular, puede producir y usar utensilios sofisticados. Los primeros indicios de producción de utensilios datan de hace unos 2,5 millones de años, y la fabricación y uso de útiles son los criterios por los que los arqueólogos reconocen a los humanos antiguos. 

Pero andar erguido tiene su lado negativo. El esqueleto de nuestros antepasados primates se desarrolló durante millones de años para sostener a un animal que andaba a cuatro patas y tenía una cabeza relativamente pequeña. Adaptarse a una posición erguida era todo un reto, especialmente cuando el andamiaje tenía que soportar un cráneo muy grande. La humanidad pagó por su visión descollante y por sus manos industriosas con dolores de espalda y tortícolis. 

Las mujeres pagaron más. Una andadura erecta requería caderas más estrechas, lo que redujo el canal del parto, y ello precisamente cuando la cabeza de los bebés se estaba haciendo cada vez mayor. La muerte en el parto se convirtió en un riesgo importante para las hembras humanas. A las mujeres que parían antes, cuando el cerebro y la cabeza del niño eran todavía relativamente pequeños y flexibles, les fue mejor y vivieron para tener más hijos. Por consiguiente, la selección natural favoreció los nacimientos más tempranos. Y, en efecto, en comparación con otros animales, los humanos nacen prematuramente, cuando muchos de sus sistemas vitales están todavía subdesarrollados. Un potro puede trotar poco después de nacer; un gatito se separa de la madre para ir a buscar comida por su cuenta cuando tiene apenas unas pocas semanas de vida. Los bebés humanos son desvalidos, y dependientes durante muchos años para su sustento, protección y educación. 

 Este hecho ha contribuido enormemente tanto a las extraordinarias capacidades sociales de la humanidad como a sus problemas sociales únicos. Las madres solitarias apenas podían conseguir suficiente comida para su prole y para ellas al llevar consigo niños necesitados. Criar a los niños requería la ayuda constante de otros miembros de la familia y los vecinos. Para criar a un humano hace falta una tribu. Así, la evolución favoreció a los que eran capaces de crear lazos sociales fuertes. Además, y puesto que los humanos nacen subdesarrollados, pueden ser educados y socializados en una medida mucho mayor que cualquier otro animal. La mayoría de los mamíferos surgen del seno materno como los cacharros de alfarería vidriada salen del horno de cochura: cualquier intento de moldearlos de nuevo los romperá. Los humanos salen del seno materno como el vidrio fundido sale del horno. Pueden ser retorcidos, estirados y modelados con un sorprendente grado de libertad. Esta es la razón por la que en la actualidad podemos educar a nuestros hijos para que se conviertan en cristianos o budistas, capitalistas o socialistas, belicosos o pacifistas".

Y. N. Harari Sapiens cit. pp. 20-23

El segundo motivo de nuestra superioridad no fue físico sino “mental” y concretamente fue el producto de lo que Harari llama la Revolución cognitiva que nos permitió a los sapiens pensar de una forma distinta que el resto de los seres vivos, y comunicarnos entre nosotros empleando un lenguaje totalmente nuevo que amplió exponencialmente nuestra capacidad cognitiva y nos permitió comprender el mundo mejor que los demás seres vivos. 

LA REVOLUCIÓN COGNITIVA 

 La aparición de nuevas maneras de pensar y comunicarse, hace entre 70.000 y 30.000 años, constituye la revolución cognitiva. ¿Qué la causó? No estamos seguros. La teoría más ampliamente compartida aduce que mutaciones genéticas accidentales cambiaron las conexiones internas del cerebro de los sapiens, lo que les permitió pensar de maneras sin precedentes y comunicarse utilizando un tipo de lenguaje totalmente nuevo. Podemos llamarla la mutación del árbol del saber. ¿Por qué tuvo lugar en el ADN de los sapiens y no en el de los neandertales? Fue algo totalmente aleatorio, hasta donde podemos decir. Pero es más importante comprender las consecuencias de la mutación del árbol del saber que sus causas. ¿Qué es lo que tenía de tan especial el nuevo lenguaje de los sapiens que nos permitió conquistar el mundo?

No era el primer lenguaje. Cada animal tiene algún tipo de lenguaje. Incluso los insectos, como las abejas y las hormigas, saben cómo comunicarse de maneras complejas, y los individuos se informan unos a otros de la localización del alimento. Tampoco era el primer lenguaje vocal. Muchos animales, entre ellos todas las especies de monos y simios, tienen lenguajes vocales. Por ejemplo, los monos verdes emplean llamadas de varios tipos para comunicarse. Los zoólogos han distinguido una llamada que significa: «¡Cuidado! ¡Un águila!». Otra algo diferente advierte: «¡Cuidado! ¡Un león!». Cuando los investigadores reprodujeron una grabación de la primera llamada a un grupo de monos, estos dejaron lo que estaban haciendo y miraron hacia arriba espantados. Cuando el mismo grupo escuchó una grabación de la segunda llamada, el aviso del león, rápidamente treparon a un árbol. Los sapiens pueden producir muchos más sonidos distintos que los monos verdes, pero ballenas y elefantes poseen capacidades igualmente impresionantes. Un loro puede decir todo lo que Albert Einstein pudiera decir, y además imitar los sonidos de teléfonos que suenan, puertas que se cierran de golpe y sirenas que aúllan. Cualquiera que fuera la ventaja que Einstein tenía sobre un loro, no era vocal. ¿Qué es, pues, lo que tiene de tan especial nuestro lenguaje? 

 La respuesta más común es que nuestro lenguaje es asombrosamente flexible. Podemos combinar un número limitado de sonidos y señales para producir un número infinito de frases, cada una con un significado distinto. Por ello podemos absorber, almacenar y comunicar una cantidad de información prodigiosa acerca del mundo que nos rodea. Un mono verde puede gritar a sus camaradas: «¡Cuidado! ¡Un león!». Pero una humana moderna puede decirles a sus compañeras que esta mañana, cerca del recodo del río, ha visto un león que seguía a un rebaño de bisontes. Después puede describir la localización exacta, incluidas las diferentes sendas que conducen al lugar. Con esta información, los miembros de su cuadrilla pueden deliberar y discutir si deben acercarse al río con el fin de ahuyentar al león y cazar a los bisontes. 

 Una segunda teoría plantea que nuestro lenguaje único evolucionó como un medio de compartir información sobre el mundo. Pero la información más importante que era necesaria transmitir era acerca de los humanos, no acerca de los leones y los bisontes. Nuestro lenguaje evolucionó como una variante de chismorreo. Según esta teoría, Homo sapiens es ante todo un animal social. La cooperación social es nuestra clave para la supervivencia y la reproducción. No basta con que algunos hombres y mujeres sepan el paradero de los leones y los bisontes. Para ellos es mucho más importante saber quién de su tropilla odia a quién, quién duerme con quién, quién es honesto y quién es un tramposo. 

La cantidad de información que se debe obtener y almacenar con el fin de seguir las relaciones siempre cambiantes de unas pocas decenas de individuos es apabullante. (En una cuadrilla de 50 individuos, hay 1.225 relaciones de uno a uno, e incontables combinaciones sociales complejas más.) Todos los simios muestran un fuerte interés por esta información social, pero tienen dificultades en chismorrear de manera efectiva. Probablemente, los neandertales y los Homo sapiens arcaicos también tenían dificultades para hablar unos a espaldas de los otros, una capacidad muy perniciosa que en realidad es esencial para la cooperación en gran número. Las nuevas capacidades lingüísticas que los sapiens modernos adquirieron hace unos 70.000 años les permitieron chismorrear durante horas. La información fiable acerca de en quién se podía confiar significaba que las cuadrillas pequeñas podían expandirse en cuadrillas mayores, y los sapiens pudieron desarrollar tipos de cooperación más estrecha y refinada.

 La teoría del chismorreo puede parecer una broma, pero hay numerosos estudios que la respaldan. Incluso hoy en día la inmensa mayoría de la comunicación humana (ya sea en forma de mensajes de correo electrónico, de llamadas telefónicas o de columnas de periódicos) es chismorreo. Es algo que nos resulta tan natural que parece como si nuestro lenguaje hubiera evolucionado para este único propósito. ¿Acaso cree el lector que los profesores de historia charlan sobre las razones de la Primera Guerra Mundial cuando se reúnen para almorzar, o que los físicos nucleares pasan las pausas para el café de los congresos científicos hablando de los quarks? A veces. Pero, con más frecuencia, hablan de la profesora que pilló a su marido mientras la engañaba, o de la pugna entre el jefe del departamento y el decano, o de los rumores según los cuales un colega utilizó sus fondos de investigación para comprarse un Lexus. El chismorreo se suele centrar en fechorías. Los chismosos son el cuarto poder original, periodistas que informan a la sociedad y de esta manera la protegen de tramposos y gorrones. 

 Lo más probable es que tanto la teoría del chismorreo como la teoría de «hay un león junto al río» sean válidas". 

Y. N. Harari Sapiens cit. pp. 35-37. 


 Lo más interesante es que los sapiens, no solo lograron describir y transmitir sus experiencias sobre el medio en el que vivían de una forma más descriptiva y eficaz, sino que desarrollaron un nuevo producto del intelecto: la imaginación.  Los sapiens lograron inventar “mitos” y “narrativas” que les permitieron formar grupos cada vez mayores de individuos.  Fue el paso de la realidad a la ficción. 

 Para que os hagáis una idea: el Estado es una ficción, que en el caso de un país como España nos permite convivir a 47 millones de personas con unos parámetros mentales determinados. 


También es una ficción un equipo de fútbol como el Real Madrid, o una empresa como Google. Todo ello son ficciones que existen en nuestra imaginación. 


Hay elementos reales de estas ficciones, como el edificio de la Presidencia del gobierno, el Estadio Santiago Bernabeu, la sede de Google en Mountain View (Silicon Valley, California), como también lo son sus símbolos: el escudo de España, el del Real Madrid o el logotipo de Google. Pero estos símbolos son mucho más que estos elementos materiales. Y nos permiten agruparnos en torno a ese mito, a esa idea (el patriotismo, el ser forofo blanco, recurrir a “googlear” para recabar cualquier información. Gracias a nuestra imaginación los sapiens podemos crear mitos que nos permiten “cooperar flexiblemente en gran número”. 


 Como consecuencia de la “Revolución cognitiva” los sapiens no solo aprendieron a organizarse en grupos cada vez mayores, lo que les permitió imponerse al entorno en virtud del principio “la unión hace la fuerza”, sino que lograron superar la “ley de genoma”. El comportamiento de un ser vivo depende de sus “genes” de la composición de su ADN que tiende a adaptarse a los factores ambientales y al entorno para favorecer la supervivencia de la especie. Los sapiens  gracias a su lenguaje flexible, a su capacidad de imaginar ficciones que les permitían convivir en mayor número. Por eso acabaron imponiéndose a los neandertales. 

LA POSIBILIDAD DE COOPERAR EN GRAN NÚMERO ES LA ESENCIA DE LO HUMANO

"En condiciones naturales, una tropilla de chimpancés consta de unos 20-50 individuos. Cuando el número de chimpancés en una tropilla aumenta, el orden social se desestabiliza, lo que finalmente lleva a una ruptura y a la formación de una nueva tropilla por parte de algunos de los animales. Solo en contadas ocasiones los zoólogos han observado grupos de más de 100 individuos. Los grupos separados rara vez cooperan, y tienden a competir por el territorio y el alimento. Los investigadores han documentado contiendas prolongadas entre grupos, e incluso un caso de «genocidio» en el que una tropilla masacró sistemáticamente a la mayoría de los miembros de una banda vecina.

Probablemente, patrones similares dominaron la vida social de los primeros humanos, entre ellos los Homo sapiens arcaicos. Los humanos, como los chimpancés, tienen instintos sociales que permitieron a nuestros antepasados formar amistades y jerarquías, y cazar o luchar juntos. Sin embargo, como los instintos sociales de los chimpancés, los de los humanos estaban adaptados solo a grupos pequeños e íntimos. Cuando el grupo se hacía demasiado grande, su orden social se desestabilizaba y la banda se dividía. Aun en el caso de que un valle particularmente fértil pudiera alimentar a 500 sapiens arcaicos, no había manera de que tantos extraños pudieran vivir juntos. ¿Cómo podían ponerse de acuerdo en quién sería el líder, quién debería cazar aquí, o quién debería aparearse con quién? 

 Como consecuencia de la revolución cognitiva, el chismorreo ayudó a Homo sapiens a formar bandas mayores y más estables. Pero incluso el chismorreo tiene sus límites. La investigación sociológica ha demostrado que el máximo tamaño «natural» de un grupo unido por el chismorreo es de unos 150 individuos. La mayoría de las personas no pueden conocer íntimamente a más de 150 seres humanos, ni chismorrear efectivamente con ellos. 

En la actualidad, un umbral crítico en las organizaciones humanas se encuentra en algún punto alrededor de este número mágico. Por debajo de dicho umbral, comunidades, negocios, redes sociales y unidades militares pueden mantenerse basándose principalmente en el conocimiento íntimo y en la actividad de los chismosos. No hay necesidad de rangos formales, títulos ni libros de leyes para mantener el orden. Un pelotón de 30 soldados, e incluso una compañía de 100 soldados, pueden funcionar bien sobre la base de unas relaciones íntimas, con un mínimo de disciplina formal. Un sargento muy respetado puede convertirse en el «rey de la compañía» y ejercer su autoridad incluso sobre los oficiales de grado. Un pequeño negocio familiar puede subsistir y medrar sin una junta directiva, un director ejecutivo o un departamento de contabilidad. 

 Pero una vez que se cruza el umbral de los 150 individuos, las cosas ya no pueden funcionar de esta manera. No se puede hacer funcionar una división con miles de soldados de la misma manera que un pelotón. Los negocios familiares de éxito suelen entrar en crisis cuando crecen y emplean a más personal. Si no se pueden reinventar, van a la quiebra. 

¿Cómo consiguió Homo sapiens cruzar este umbral crítico, y acabar fundando ciudades que contenían decenas de miles de habitantes e imperios que gobernaban a cientos de millones de personas? El secreto fue seguramente la aparición de la ficción. Un gran número de extraños pueden cooperar con éxito si creen en mitos comunes. 

Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente. Las iglesias se basan en mitos religiosos comunes. Dos católicos que no se conozcan de nada pueden, no obstante, participar juntos en una cruzada o aportar fondos para construir un hospital, porque ambos creen que Dios se hizo carne humana y accedió a ser crucificado para redimir nuestros pecados. Los estados se fundamentan en mitos nacionales comunes. Dos serbios que nunca se hayan visto antes pueden arriesgar su vida para salvar el uno al otro porque ambos creen en la existencia de la nación serbia, en la patria serbia y en la bandera serbia. Los sistemas judiciales se sostienen sobre mitos legales comunes. Sin embargo, dos abogados que no se conocen de nada pueden combinar sus esfuerzos para defender a un completo extraño porque todos creen en la existencia de leyes, justicia, derechos humanos… y en el dinero que se desembolsa en sus honorarios. 

Y, no obstante, ninguna de estas cosas existe fuera de los relatos que la gente se inventa y se cuentan unos a otros. No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación común de los seres humanos. 

 La gente entiende fácilmente que los «primitivos» cimenten su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus, y que se reúnan cada luna llena para bailar juntos alrededor de una hoguera. Lo que no conseguimos apreciar es que nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base. Tomemos por ejemplo el mundo de las compañías de negocios. Los hombres y las mujeres de negocios y los abogados modernos son, en realidad, poderosos hechiceros. La principal diferencia entre ellos y los chamanes tribales es que los abogados modernos cuentan relatos mucho más extraños."

Y. N. Harari  Sapiens cit. pp. 39-42.


 5. Aparece el “Derecho”

 Si la cooperación en grandes números es la base de nuestro dominio del planeta, está claro que la premisa para seguir mandando es que no nos peleemos entre nosotros, ya que los enfrentamientos pueden fácilmente degenerar en conflictos y estos en “guerras”. Y la guerra es la exterminación del grupo, el fin de la convivencia. 

 Conscientes de ello, los sapiens desde los orígenes de nuestra especie desarrollamos una serie de mecanismos para evitar que los inevitables conflictos entre los miembros del grupo degenerasen y llegaran a poner en peligro la cooperación entre ellos. Estos mecanismos son el origen del DERECHO. 

 Por eso puede decirse que la Historia de la Humanidad es en gran medida la Historia del Derecho. Es lo que vamos a ver a partir de la próxima entrada en la que analizaremos la Primera temporada del Tratado de Derecho Pop: “Un animal social… Y jurídico”, que comprende dos episodios: 1. El animal que conquistó el mundo (pgs. 41-49), y 2. “Ubi societas ibi ius” (pgs. 51-62).


6. Ejercicios. 

a) CONCEPTOS: 

Homínido. Animismo. Teoría del evolucionismo. Modelo lineal de evolución de las especies. Revolución cognitiva. ADN. Genoma. Teoría de “Hay un león en el río”. Teoría del chismorreo.

b) PREGUNTAS:  

1. ¿Qué sentido tiene el trabajo de historiador según Yuval Noah Harari?

2. Cita al menos cinco especies diversas de homínidos. 

3. Explica por qué, según Y. N. Harari, el modelo lineal de evolución de las especies es una falacia.

4. ¿Cuáles son los dos factores “físicos” que explican la “superioridad” de los Sapiens sobre las demás especies animales. Piensa en cuáles son las consecuencias de tener un gran cerebro y de ser  bípedos erectos? Distingue las ventajas y los inconvenientes.

5. ¿Por qué el hecho de que la gestación humana sea considerablemente corta y nazcamos prematuramente favorece, según Harari, nuestra “sociabilidad”?

6. ¿Por qué el lenguaje de los humanos es tan especial? ¿Qué consecuencias cognitivas tiene esta peculiaridad en el desarrollo de la especie “sapiens”. Parte de la Teoría de “hay un león en el río”.

7. ¿Cuál es la relación, según Harari, entre nuestra capacidad de imaginar e inventar “mitos” y nuestra capacidad de “cooperar” en grandes grupos? Haz una relación de un mínimo de 5 mitos o narrativas ficticias que permiten a los humanos cooperar en grandes números. No vale los que aparecen en el texto.

8. ¿Qué significa que los animales están sometidos a la ley del genoma? ¿Por qué los sapiens somos capaces de evolucionar sobrepasando la ley del genoma?  ¿Qué consecuencias tiene esto sobre la especie humana? 

c) EJE DE ABCISAS:

Tras la lectura del texto que aparece a continuación os voy a pedir que en vuestro Cuaderno de clase hagáis un “Eje cronológico”. Trazad una línea que represente los 365 días del año. Luego marca el 1 de enero con la fecha de la formación de la Tierra y el 31 de diciembre el año 2021. Sitúa luego las fechas que aparecen en la Cronología de la Historia de la Humanidad y las de la Historia de España, antes de la Revolución agrícola.  

LA PROTOHISTORIA. 

"Eugenio d’Ors llamaba Protohistoria a lo que, en general, se llama Prehistoria e incluía en la denominación todo aquello que sucedió en el mundo antes de los primeros testimonios escritos. 

Hace dos mil millones de años -2.000.000.000-, ¡casi nada!, que se calcula que empezó la formación de la Tierra. Es lo que se llama el período Precámbrico que llega hasta 540 millones de años a. de J.C.

De los 540 millones hasta 150 millones antes de nuestra era se desarrolla el Paleozoico o Primario, dividido en las épocas Cámbrica, Silúrica, Devoniana, Carbonífera y Pérmica. 

De los citados 150 millones hasta 70 millones se cuentan las épocas Triásica, Jurásica y Cretácica, que constituyen el período Mesozoico o Secundario.

De los 70 millones al millón de años de nuestra era, y pido perdón por lo aburrido de mi exposición, se habla de épocas Eocena, Oligocena, Miocena y Pliocena, que se engloban en el período Cenozoico o Terciario. 

Y sigamos con nombres raros. Un millón de años a. de J.C. se inaugura la Era de las Glaciaciones, que dura hasta 10.000 años –aproximadamente- antes de nuestra era y desde este momento hasta nuestros días la época de los aluviones. Ambas configuran el llamado período Pleistoceno o Cuaternario.

 Para que nos demos cuenta de lo que todo ello significa imaginemos por un momento que el origen de la Tierra se sitúa en un 1 de enero. Pues bien, la era Primaria se iniciaría a primeros de septiembre, los primeros peces, que aparecen en el Silúrico, lo harían a finales de octubre. Los mamíferos, correspondientes al período Jurásico, a finales de noviembre. El primer homínido –el australopiteco- el 31 de diciembre a las once y media de la noche. Y nosotros viviríamos poco más o menos a las 11 de la noche, 58 minutos, del mismo 31 de diciembre. 

Es decir, que llevamos –el género humano lleva- unos 30 minutos de existencia en este imaginario año de la Creación. 

¡30 minutos!, ¡media hora! De los 522.000 minutos de existencia del mundo –contados al buen tuntún y sin tener en cuenta los años bisiestos-, la raza humana hace 30 minutos que vive en esta tierra. 

De los 31.320.000 segundos que cuenta el año nosotros, los hombres, llevamos existiendo solo 1800.

Entonces usted y yo, ¿cuántas milésimas de segundo hace que vivimos? Más vale no contarlo, no vale la pena, usted y yo no somos nada, no somos nadie. 

¡Y lo que  creemos ser!  Meditemos un poco".   

Carlos Fisas (2008) . Historias de la Historia. Primera serie. Madrid: Círculo de lectores.


Así sería hoy un neandertal