Esto es la Universidad.... pública




Este blog está dirigido a vosotros, los estudiantes que acabáis de llegar a la Universidad. A la Universidad pública. A la universidad de todos. La que costeamos entre todos para que independientemente del nivel de vuestros ingresos familiares tengáis la oportunidad de aprender y de transformar vuestra vida. Para que aprendáis Derecho y, sobre todo, os convirtáis en personas pensantes y críticas, dispuestas a integraros inteligentemente en el mundo que os ha tocado vivir.

En este blog encontraréis primero las instrucciones para sacar el máximo provecho de "nuestro" esfuerzo conjunto a lo largo de estas semanas de clase. Pero también algo más: una incitación permanente a aprender, un estímulo para que vayáis más allá de la mera superación del trámite administrativo del aprobado. Escribía el piloto, escritor y filósofo francés Antoine de Saint Exupéry (1900-1944) en El Principito, que "sólo se conocen las cosas que se domestican". Por eso voy a tratar de convenceros de lo importante que es "domesticar" lo que vais a estudiar. Para que sintáis lo apasionante que es descubrir el mundo a través del Derecho. Pero no del Derecho a secas, sino del Derecho en su trayectoria histórica, en el marco cultural de la civilización en la que aparece. Para que comprendáis como sugería José Ortega y Gasset, que preservar nuestra civilización depende de que cada generación se adueñe de su época y sepa vivir "a la altura de los tiempos".

Para ello cada semana os diré qué tenéis que estudiar y cómo, os proporcionaré lecturas y os recomendaré ejercicios. También compartiré con vosotros pensamientos y consideraciones que vengan a cuento, al hilo de lo que vayamos estudiando.

Tendremos que trabajar mucho, vosotros y un servidor. Pero eso dará sentido a vuestro -nuestro- paso por la Universidad. Será un esfuerzo muy rentable para vuestro -mi- engrandecimiento como personas. Os lo aseguro.

Ánimo, y a por ello.

Un saludo cordial

Bruno Aguilera-Barchet

miércoles, 4 de diciembre de 2019

HACIA UN DERECHO DESHUMANIZADO




Hasta ahora hemos considerado el derecho como un producto de la sociedad humana. El primer capítulo de este libro se llama el animal jurídico porque los humanos se impusieron a las demás especies animales gracias a su rico lenguaje y a su poderoso sentido social, dado que somos los únicos seres vivos capaces de convivir en grandes grupos colectivos. El extraordinario progreso de los humanos como especie se basa en que el homo sapiens es el único animal que tiene la capacidad de conectar entre sí a un grupo elevado de individuos. Gracias a que somos capaces de compartir narrativas ficticias como una sociedad anónima, un estado o una nación, pero también a que hemos desarrollado un método avanzado de resolver nuestras disputas: el derecho, gracias al cual evitamos que un conflicto pueda degenerar en guerra. A eso dedicamos nuestro segundo capítulo, en el que dejamos claro que no puede haber sociedad sin derecho. La sociabilidad es la base de la superioridad humana, y el derecho el instrumento indispensable para que esta capacidad organizativa perdure. Los griegos son la base de la cultura occidental, pero esta habría desaparecido de no haber sido por el derecho romano. En última instancia pues es gracias al derecho que el homo sapiens ha conquistado el planeta.

Llegados a este punto sin embargo es necesario advertir que en el siglo XXI esta premisa básica de que el derecho es cosa de humanos se está tambaleando. Por tres motivos. Primero porque hoy se discute cada vez más que el ser humano sea más importante que el planeta. Segundo porque no está claro que los animales deban ser considerados seres inferiores al hombre. Y, tercero, porque la ciencia está en vías de crear seres mucho más operativos que los humanos, lo que entraña el peligro de que el homo sapiens se convierta en una especie inferior, subalterna en el mejor de los casos, irrelevante en el peor.

 Es crucial en definitiva saber si el hombre seguirá siendo o no el objeto prioritario del derecho. Porque la naturaleza y los animales se conviertan en intereses prioritarios de la protección jurídica, o porque las máquinas, robots y computadoras al desempeñar cada vez más las funciones que antes estaban exclusivamente reservadas a los hombres pueden acabar sustituyéndolos. Y en estas condiciones no resulta descabellado pensar que llegue el día en el que el derecho no tenga como objeto prioritario proteger a los seres humanos, sino a otros intereses superiores.

Es lo que vemos en las tres entradas siguientes: El planeta Primero, Animales jurídicos y El derecho en la era de Frankenstein