Esto es la Universidad.... pública




Este blog está dirigido a vosotros, los estudiantes que acabáis de llegar a la Universidad. A la Universidad pública. A la universidad de todos. La que costeamos entre todos para que independientemente del nivel de vuestros ingresos familiares tengáis la oportunidad de aprender y de transformar vuestra vida. Para que aprendáis Derecho y, sobre todo, os convirtáis en personas pensantes y críticas, dispuestas a integraros inteligentemente en el mundo que os ha tocado vivir.

En este blog encontraréis primero las instrucciones para sacar el máximo provecho de "nuestro" esfuerzo conjunto a lo largo de estas semanas de clase. Pero también algo más: una incitación permanente a aprender, un estímulo para que vayáis más allá de la mera superación del trámite administrativo del aprobado. Escribía el piloto, escritor y filósofo francés Antoine de Saint Exupéry (1900-1944) en El Principito, que "sólo se conocen las cosas que se domestican". Por eso voy a tratar de convenceros de lo importante que es "domesticar" lo que vais a estudiar. Para que sintáis lo apasionante que es descubrir el mundo a través del Derecho. Pero no del Derecho a secas, sino del Derecho en su trayectoria histórica, en el marco cultural de la civilización en la que aparece. Para que comprendáis como sugería José Ortega y Gasset, que preservar nuestra civilización depende de que cada generación se adueñe de su época y sepa vivir "a la altura de los tiempos".

Para ello cada semana os diré qué tenéis que estudiar y cómo, os proporcionaré lecturas y os recomendaré ejercicios. También compartiré con vosotros pensamientos y consideraciones que vengan a cuento, al hilo de lo que vayamos estudiando.

Tendremos que trabajar mucho, vosotros y un servidor. Pero eso dará sentido a vuestro -nuestro- paso por la Universidad. Será un esfuerzo muy rentable para vuestro -mi- engrandecimiento como personas. Os lo aseguro.

Ánimo, y a por ello.

Un saludo cordial

Bruno Aguilera-Barchet

martes, 26 de noviembre de 2019

¿Cómo acabar con la desigualdad?

Uno de los grandes problemas que debe afrontar el mundo es el del crecimiento imparable de las desigualdades. En el año 2016 un 1% de la población poseía el 50% de los recursos mundiales. Las clases medias encogen y el número de pobres que tienen dificultades para sobrevivir crece de forma alarmante. De ahí el crecimiento imparable de los populismos con figuras como Donald Trump, Marine Le pen, Unidas Podemos, Vox, Nigel Farage y su Brexit. La gente tiene pavor a quedarse sin su parte del pastel y por ello tienden a reaccionar violentamente. Es lo que ocurre en Venezuela, en Chile, en Bolivia o en Colombia. 

Ya hemos visto esta semana cuando hemos hablado de "Capitalismo y derecho" la figura interesantísima de John Rawls (1921-2002) y su teoría de cómo alcanzar una justicia imparcial. Para lo cual rechazaba el sistema socialista en el que el Estado se hacía cargo de la riqueza porque restaba libertad, el capitalista liberal que conducía a unas desigualdades insostenibles, e incluso el sistema del Estado del bienestar porque era el estado el que decidía cómo se reparten los fondos sociales y no la propia iniciativa individual. Por eso proponía un nuevo modelo : la "democracia de propietarios" (Property owning democracy). La función del Estado sería asegurar que toda la población al empezar su vida pudiera contar con una cantidad de dinero que le permitiera partir en condiciones similares a los demás. Y luego dejar que la iniciativa de cada uno decidiera como hacer fructificar ese capital.

                                                                    John Rawls 

 Esta idea genial es la que acoge el economista de moda, el francés Thomas Picketty que ha centrado su pensamiento en la loable lucha contra la "desigualdad", manteniendo el concepto de la propiedad privada que el comunismo suprimió y que ha dado tan malos resultados. El problema es tratar de evitar que el capitalismo se devore a sí mismo, como nos exponía Yanis Varoufakis la semana pasada. En la entrevista que sigue Picketty trata de dar recetas concretas. Leedla porque no tiene desperdicio.  

                                                                           Yanis Varoufakis



Thomas Piketty: “Propongo un impuesto que permita dar a todo el mundo 120.000 euros a los 25 años”


Consagrado como uno de los economistas más influyentes de su generación, el francés disecciona en su nuevo libro las paradojas de la desigualdad y apuesta por un socialismo participativo.


Thomas Piketty (Clichy, 1971) se consagró hace cinco años como uno de los economistas más influyentes de su generación. Su libro El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica) contribuyó a colocar las desigualdades de rentas y patrimonio en el centro del debate en Europa y Estados Unidos. Piketty, profesor en la Escuela de Economía de París, publica ahora Capital e ideología (Deusto). A lo largo de 1.200 páginas que cubren casi medio milenio y cuatro continentes, disecciona las ideologías que han justificado las desigualdades. Y fija el foco en la propiedad privada: la llave que todo lo explica.


Pregunta. Habla usted de “superar” el capitalismo y la propiedad privada. ¿Superar es un eufemismo? ¿Por qué no abolirlos, directamente?

Respuesta. Prefiero “superar”. Si dijésemos “abolir” o “suprimir”, sería meramente negativo. Superar permite mostrar que se trata de un proceso y obliga a decir con qué sistema lo superaremos.

P. ¿El resultado, se “supere” o se “suprima” la propiedad, no es el mismo?

R. El buen resultado es el que funcione. Defiendo un sistema de socialismo participativo. También se puede hablar de economía participativa o circular. La idea es que necesitamos la participación de todos, no solo en la vida política, sino también en la económica. No puede haber una hiperconcentración del poder en un número reducido de personas. El poder debe circular. Y este movimiento está en marcha: el capitalismo hoy es diferente al del siglo XIX. El capitalismo puro consistiría en concentrar todo el poder en los propietarios y los accionistas, poder despedir a quien uno quiera y cuando quiera, o triplicar el alquiler al inquilino de la noche a la mañana. Un capitalista del siglo XIX vería como una herejía las reglamentaciones actuales para limitar los derechos de los propietarios.


P. ¿Las cosas mejoran?

R. Hay una evolución hacia una mayor igualdad. Las desigualdades, aunque hayan aumentado desde los años ochenta o noventa, son menores que hace un siglo. El mundo del siglo XIX, con una propiedad concentrada en unos pocos, no solo era injusto, sino que producía menos crecimiento que el que hubo en el siglo XX con la clara reducción de las desigualdades.

P. Este proceso hacia una mayor igualdad, ¿no es atribuible también a la propiedad privada y al capitalismo?

R. La cuestión es qué capitalismo. La lección de la historia es que la propiedad privada es útil para el desarrollo económico, pero únicamente si se equilibra con otros derechos: los de los asalariados, de los consumidores, de las diferentes partes. Yo digo sí a la propiedad privada, mientras se mantenga en lo razonable.



P. Podría explicarse la historia de Capital e ideología por medio de ideas como la libertad o la innovación. Usted opta por la propiedad. ¿Por qué?

R. El desarrollo de la propiedad privada es una transformación fundamental, con una dimensión emancipadora, ligada a la libertad, y a la vez una dimensión de alienación y de dominio. El paso de las sociedades que llamo trifuncionales del Antiguo Régimen, compuestas por los clérigos, los guerreros y el tercer Estado, a las sociedades de propietarios en el siglo XIX, tras la Revolución Francesa, representa un progreso. El problema es detenerse a medio camino: desarrollar la igualdad formal ante el derecho de la propiedad sin ir hacia la igualdad real, hacia la verdadera difusión de la propiedad. En el momento de la Revolución, no se hizo una gran reforma agraria en Francia. No se dio a los campesinos 10 hectáreas, ni se limitaron las propiedades individuales a 200 o 500 hectáreas. Otras sociedades lo hicieron. Cuando se ofrece a la gente la posibilidad de trabajar la tierra para sí mismos, se mejora la productividad. Lo mismo vale en general.

P. ¿En qué sentido?

R. La propiedad privada es un buen sistema para coordinar las acciones individuales y permitir a cada uno realizar sus proyectos, con una condición: que haya acceso a la propiedad. Y, en algunos casos, la sacralización del derecho de la propiedad convierte las relaciones sociales en algo brutal.

P. ¿Por ejemplo?

R. En los debates sobre la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, intelectuales liberales como Alexis de Tocqueville consideraban que había que compensar a los propietarios de esclavos, en vez de a los esclavos. Y recuerde que en 1825 Francia hizo pagar a Haití —la mayor concentración de esclavos del mundo atlántico y la primera revuelta de esclavos en 1791-1792— el 300% de su PIB, con intereses enormes, por el precio de su libertad, y Haití lo arrastró hasta los años cincuenta del siglo XX. Ahí se ve la contradicción de la filosofía de la propiedad. Tiene una dimensión emancipadora y otra que sacraliza el derecho de la propiedad hasta tal punto que perpetúa las viejas desigualdades, incluso bajo su forma más brutal, que es la propiedad de seres humanos por otros seres humanos.

P. ¿Puede compararse la propiedad de esclavos con la propiedad de bienes no humanos?

R. El argumento entonces era que, si empezamos a redistribuir las propiedades, no sabremos dónde parar. Hoy, aunque las formas de propiedad sean diferentes, existe el mismo temor. Pienso que es posible debatir colectivamente para limitar la propiedad. Muchas personas lo rechazan diciendo, como Tocqueville, que, si se empieza a poner más impuestos a las personas que tienen mil millones, después serán los que tienen un millón y los que tienen 100.000 euros. Pero la historia muestra que, por medio de la deliberación democrática, se pueden encontrar límites a lo que es una propiedad privada razonable y lo que es una propiedad privada excesiva.

“Defiendo un sistema de socialismo participativo. Todos debemos intervenir en la vida económica”

P. Propone un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los más ricos. ¿Por qué el 90% y no expropiarlos?

R. El objetivo es hacer circular la propiedad, permitir que todo el mundo acceda a ella. El impuesto sobre la propiedad permitiría financiar una herencia para todos de 120.000 euros a los 25 años. Ahora la mitad de la población no posee patrimonio. Aunque uno tenga un buen diploma y un buen salario, puede que una parte importante del salario sirva para pagar toda la vida un alquiler a hijos de propietarios y carezca de medios para crear su propia empresa.

P. ¿Todos propietarios?

R. Quiero una sociedad en la que todo el mundo pueda tener algunos centenares de miles de euros, y en la que algunos que crean empresas y tienen éxito tengan unos millones de euros, quizá a veces unas decenas de millones de euros. Pero, francamente, tener varios centenares o miles de millones no creo que contribuya al interés general. Hoy tenemos muchos más ricos con mil millones o más en Estados Unidos que en los años sesenta, setenta u ochenta. La promesa de Ronald Reagan en los años ochenta era que se reducirían los impuestos para los empresarios y que, aunque esto crearía más desigualdades, no sería grave porque habría tanta innovación y crecimiento que los salarios e ingresos aumentarían como nunca. Lo que se observó fue que el crecimiento se dividió en dos.

P. En Europa no hubo revolución reaganiana, pero tampoco la innovación de Silicon Valley.

R. El problema es que esta innovación tampoco se traduce en un crecimiento de los ingresos. Lo que me interesa es el crecimiento y los salarios, y el crecimiento en Estados Unidos se redujo a la mitad. Hay dos razones. Reducir los impuestos a los más ricos y tener más milmillonarios no aporta nada al crecimiento. Pero la verdadera razón fue que se estancó la inversión en educación. El resultado es que hoy muchas personas van a la universidad sin los medios que necesitarían. La lección es que lo que llevará al crecimiento en el siglo XXI es, ante todo, la educación.

P. ¿Por qué los milmillonarios deben pagar un 90%? ¿Por qué esta cifra y no otra?

R. Un 90% a quien tenga 1.000 millones de euros significa que le quedarán 100 millones de euros. Con 100 millones todavía uno puede tener un cierto número de proyectos en la vida. El objetivo es regresar a un nivel de concentración de la fortuna que era más o menos el de los años sesenta, setenta u ochenta en Estados Unidos y en Europa. Mi enfoque es empírico. Lo que queremos evitar es la sedimentación. Mark Zuckerberg tuvo una buena idea a los 25 años. Pero, ¿esto justifica que a los 50 o 70 años continúe decidiéndolo todo sobre una red social mundial?

P. Si no se hace nada ante el aumento de las desigualdades, ¿qué ocurrirá?

R. El riesgo es una explosión de la Unión Europea, otros Brexit. O bien una toma del control por parte de movimientos xenófobos. Puesto que no logramos regular el capitalismo, hacer pagar impuestos a los más ricos y tener una economía más justa, nos desatamos golpeando a los pobres de origen extranjero. Lo hemos visto en la historia europea, o de Estados Unidos con la segregación racial. Mejor no probarlo.

P. ¿Usted es propietario?

R. Sí. Pero el presidente Emmanuel Macron decidió exonerarme del impuesto sobre la fortuna [en Francia, el impuesto de solidaridad sobre la fortuna o ISF se suprimió en 2017 y se sustituyó por el impuesto de solidaridad sobre la fortuna inmobiliaria o ISI, que no se aplica al patrimonio financiero].

P. ¿Le habría gustado pagarlo?

R. Sí. Cuando uno escribe un libro como El capital en el siglo XXI, del que se venden 2,5 millones de ejemplares, no significa que sea mil veces mejor que aquellos de los que se venden 2.500 ejemplares. En parte es la suerte. Y me beneficié de las ideas de colegas y del sistema educativo francés. Es una ilustración perfecta de que las rentas y la propiedad siempre tienen orígenes sociales.No lo inventamos todo nosotros solos. Desde el momento en que uno obtiene altos ingresos, se ha beneficiado de muchas otras personas. Mi experiencia ha confirmado mis convicciones.



Extraído de: El país 24 de noviembre de 2019

Entrevista de Manuel Braun

https://elpais.com/elpais/2019/11/22/ideas/1574426613_189002.html?prod=REGCRART&o=cerrideas&event=okregistro&event_log=oklogin