Esto es la Universidad.... pública




Este blog está dirigido a vosotros, los estudiantes que acabáis de llegar a la Universidad. A la Universidad pública. A la universidad de todos. La que costeamos entre todos para que independientemente del nivel de vuestros ingresos familiares tengáis la oportunidad de aprender y de transformar vuestra vida. Para que aprendáis Derecho y, sobre todo, os convirtáis en personas pensantes y críticas, dispuestas a integraros inteligentemente en el mundo que os ha tocado vivir.

En este blog encontraréis primero las instrucciones para sacar el máximo provecho de "nuestro" esfuerzo conjunto a lo largo de estas semanas de clase. Pero también algo más: una incitación permanente a aprender, un estímulo para que vayáis más allá de la mera superación del trámite administrativo del aprobado. Escribía el piloto, escritor y filósofo francés Antoine de Saint Exupéry (1900-1944) en El Principito, que "sólo se conocen las cosas que se domestican". Por eso voy a tratar de convenceros de lo importante que es "domesticar" lo que vais a estudiar. Para que sintáis lo apasionante que es descubrir el mundo a través del Derecho. Pero no del Derecho a secas, sino del Derecho en su trayectoria histórica, en el marco cultural de la civilización en la que aparece. Para que comprendáis como sugería José Ortega y Gasset, que preservar nuestra civilización depende de que cada generación se adueñe de su época y sepa vivir "a la altura de los tiempos".

Para ello cada semana os diré qué tenéis que estudiar y cómo, os proporcionaré lecturas y os recomendaré ejercicios. También compartiré con vosotros pensamientos y consideraciones que vengan a cuento, al hilo de lo que vayamos estudiando.

Tendremos que trabajar mucho, vosotros y un servidor. Pero eso dará sentido a vuestro -nuestro- paso por la Universidad. Será un esfuerzo muy rentable para vuestro -mi- engrandecimiento como personas. Os lo aseguro.

Ánimo, y a por ello.

Un saludo cordial

Bruno Aguilera-Barchet

domingo, 10 de noviembre de 2019

El aparcamiento




Volvemos una vez más a la educación y más concretamente a la enseñanza superior y a la universidad. Traigo a colación dos artículos aparecidos esta semana en la prensa relativos al estado actual de la universidad española. Uno de ellos refleja la situación de los alumnos  y el otro la de los profesores. En ambos casos  cabe observar   una clara desmotivación de ambos colectivos, producto de un falseamiento de lo que debería ser la función de la universidad. No hablo de la universidad privada sumida en una lógica empresarial en la que la función educativa se ha convertido en un negocio. Con sus aspectos positivos y negativos. Me refiero a la universidad pública que en principio debería regirse por el principio del interés común y de la igualdad de oportunidades. De los méritos individuales y no de las circunstancias condicionantes de cada uno. 

Ya sabéis que uno de los problemas más graves que tienen a día de hoy nuestras sociedades occidentales es el de la "desigualdad". Hemos hablado ya de por qué tras el hundimiento del muro de Berlín, hace exactamente 30 años, los países del socialismo real desaparecieron del mapa. Al menos en Europa, ya que aún queda Corea del Norte y Cuba. No China donde el capitalismo ha triunfado plenamente, manteniendo en teoría un sistema comunista que se limita ahora solamente al ámbito político. Una contradicción que podría acabar con el aplastante poderío chino. 

 Treinta años después de la desaparición del Telón de acero la realidad es que el capitalismo sin freno ha provocado en todo el mundo un aumento vertiginoso y aterrador de las desigualdades. Con una concentración creciente de la riqueza en pocas manos, lo que supone una disolución progresiva de la clase media y un crecimiento de los populismos que añaden cada vez más tensión al juego político. El mundo occidental, a punto de iniciarse la tercera década del siglo XXI, se ha convertido en un polvorín. La principal causa, una vez más, es el desarme educativo, la pérdida de sustancia y de sentido de la tarea de enseñar. La consecuencia es que las nuevas generaciones van a enfrentarse a un mundo cada vez más inestable "a pelo". A este mundo cada vez más complicado y que se transforma a un ritmo vertiginoso, la mayor parte de los jóvenes llegan desorientados, cuando no perdidos. Esa es la cuestión. 



 Rectificar el rumbo y evitar la catástrofe pasa por volver a darle sentido a la tarea educativa. A la de verdad. A emplear el dineral que gastamos de nuestros impuestos para sostener la educación pública, con el propósito de crear ciudadanos responsables y críticos que comprendan, al al menos lo intenten, el mundo que les ha tocado vivir.Y desde luego el colegio y la universidad no están en España ni mucho menos a la altura de las circunstancias. Es lo que evidencian los dos textos cuya lectura os propongo hoy. 

En el primero se define lapidariamente la universidad española como un "aparcamiento" para jóvenes. Las aulas se han convertido en un paripé desmotivador en el que los alumnos a las pocas semanas de empezar tienen ganas de marcharse, porque no le ven sentido a lo que hacen. Hay muchos abandonos y los que resisten al cabo de años de esfuerzo llegan a la conclusión de que han aprendido poco o nada. 



¿La culpa es de los profesores? El segundo texto deja claro que no. Porque el sistema de promoción en la universidad ha convertido la docencia en una tarea molesta y escasamente gratificante para consolidar su puesto y promocionar. Solo vale la investigación. Y no la Investigación con mayúscula sino un sucedáneo en el que se hacen todo tipo de trampas para publicar en revistas referenciadas, muchas veces "pagando". El resultado es la aparición de miles de artículos "soi-disant" científicos que en realidad no se lee nadie. Porque no tienen ningún interés. Bueno, su único interés es acumular puntos para que la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) un día los acredite como profesores. Que no como docentes, ya que la docencia no cuenta para nada. Solo la investigación o haber ejercido algún cargo académico.

                                Walter White o como un profe desmotivado puede acabar fatal
                                                            y volverse malo (Breaking bad)

En estas condiciones, como podréis comprender, al profesor le interesa muy poco malgastar su tiempo en enseñaros algo. Porque en ese caso no come. Para vivir tiene que seguir uncido a la espiral de las publicaciones sin sentido.  Y por ello no le queda otra que seguir haciendo el paripé para la ANECA. 

Por fortuna algunos profes siguen en la brecha por ando ahí por vocación, para dar clase a la minoría de alumnos a los que todavía les apetece aprender y para los que el paso por la universidad no es solamente sacarse un certificado administrativo de que han sufrido los rigores del sistema y han apurado el cáliz hasta el final del itinerario académico. Los que no se resignan a tirarse de cualquier manera a la piscina del mundo para hacer un trabajo que muy probablemente no tendrá nada que ver con lo estudiado. Y no digo de lo aprendido, porque la mayoría de ellos no aprenden nada y casi salen peo de lo que entraron. De entrada más resabiados y escépticos.

Esta visión apocalíptica no es catastrofismo puro. Es sobre todo una llamada de atención. Un ruego para que reflexionéis y hagáis algo para cambiar esto. Porque el cambio empieza por uno mismo, porque afrontemos con sentido cada día pasado en las aulas. Sólo así el sistema universitario podrá servir para algo. Y el dinero de los contribuyentes estará bien invertido en formar ciudadanos críticos y con ganas de comerse el mundo y de adaptarlo a lo que queremos y no a lo que nos imponen los intereses de los poderosos que solo van a lo suyo. 




Texto nr.1



                         
                                     

Inger Enkvist: “La universidad española funciona como un aparcamiento para jóvenes” 


Inger Enkvist, catedrática emérita de español en la Universidad de Lund (Suecia), se ha dedicado a lo largo de cuatro décadas y 40 libros a advertir de los peligros de la Nueva Pedagogía, esa corriente que apuesta por que la iniciativa del aprendizaje la lleve el alumno y dice que no tiene sentido aprender datos concretos porque ya están en Google. En Controversias educativas (Encuentro), un libro-entrevista con la periodista que firma esta crónica, la hispanista sueca ve parecidos entre esta tendencia que impera en los colegios y la instrumentalización de la escuela catalana por parte del nacionalismo. Dice que las dos «han dejado de tener respeto por el conocimiento» y se basan más en las emociones que en los hechos.

¿Qué controversias educativas hay en España?

Hay debates no resueltos entre lo público y lo privado, lo religioso y lo laico, las competencias autonómicas y la gestión del Estado, la escuela que es igual para todos y la que asume que los alumnos tienen distintas capacidades. También son controvertidos tópicos como el que dice que ya no tiene sentido aprender contenidos concretos, o el que señala que los alumnos deben construir su propio proceso de aprendizaje y el profesor debe limitarse a ser un guía.

¿No está de acuerdo?

Son cosas que suenan bien pero no funcionan. La nueva tendencia es que el maestro se acomode a las preferencias del alumno y busque, sobre todo, su felicidad, pero la instrucción se diluye y éste no adquiere una base de aprendizaje. A la mayoría de los niños no les gusta el enorme esfuerzo que supone aprender a leer, los primeros pasos no son divertidos. Así que necesitan que el profesor les dirija. Singapur, China, Japón o Corea del Sur consiguen con palo y zanahoria que muchos alumnos estudien. Pero en Occidente se les trasmite a los críos que deben hacer lo que les gusta.


Usted responsabiliza de ello a la Nueva Pedagogía. ¿Qué es?

Es un dogma que se remonta al siglo XVIII y a Rousseau pero que impera en las escuelas actuales con propuestas como la de que el alumno elija lo que quiera estudiar o, en España a partir de la Logse, con la llamada escuela comprensiva, donde todos los alumnos estudian dentro de la misma aula. Pero la escuela igual para todos es maltrato para los alumnos porque los críos tienen distintas capacidades, intereses, voluntad y ritmos.

¿Los países con esta tendencia han empeorado los resultados?

Los países del este asiático, que no pierden el tiempo en estos debates y persiguen que sus alumnos mejoren de forma rápida, están logrando muy buenos resultados en PISA con lo tradicional: el profesor enseña y los alumnos estudian. También Finlandia, Estonia, Irlanda y Portugal, que mantienen la exigencia y los exámenes, no dan más importancia a la psicología del alumno que al currículo y no trabajan tanto en equipo ni por proyectos. Por el contrario, Reino Unido, Alemania y Suecia, que solían tener excelentes resultados, ya no están entre los primeros puestos, porque han reducido la exigencia. Las escuelas que logran muy buenos resultados trabajan con métodos tradicionales.

En diciembre habrá nuevo informe PISA. ¿Cómo ve a España?

No sobresale. Además de la mejorable calidad de los maestros de Primaria, creo que es un error que no haya reválidas como en otros países, porque elevan el nivel y unifican a las CCAA.

¿Los alumnos de ahora tienen menos nivel que antes?

Los alumnos de ahora son más frágiles que antes por no haber sido expuestos a la exigencia y a la frustración. Además, tienen menos conocimientos de lengua y de cultura general. Profesores universitarios españoles me cuentan que sus estudiantes no saben dónde ubicar los países y tienen lagunas muy básicas porque no han estudiado a fondo las asignaturas. Se han presentado como una modernización y un acercamiento al gusto del alumno cambios que implican reducir la materia. Si se reformaran la ESO y el Bachillerato para que tuvieran mayor nivel, funcionaría mejor el ascensor social y no haría falta que tantos jóvenes fueran a la universidad.

¿Cree que están yendo demasiados?

Me llama la atención la masificación de las universidades españolas, a pesar de que no hay trabajo para todos. Deberían tener menos estudiantes pero exigirles más. Algunos van sin interés. Ahora la universidad funciona como un aparcamiento para jóvenes, porque no se sabe qué hacer con todos ellos. Es caro y deprimente para los que sí quieren dedicarse a la profesión para la que se forman.

Sostiene que en la universidad proliferan trabajos de investigación que no aportan nada al conocimiento.

Los profesores realizan trabajos supuestamente científicos que, en realidad, son la lectura de un par de textos. Necesitan publicar mucho para acreditarse y ascender en la carrera universitaria. Todo está inflado, es superficial y resulta engañoso. Además, la obsesión por los títulos hacen que pierdan valor los verdaderos conocimientos. Los políticos españoles, por ejemplo, quieren títulos para colocarse en caso de necesidad.

Las universidades catalanas han suscrito un manifiesto en el que piden la libertad de los «presos políticos» y la autodeterminación e instan a protestar contra la sentencia del 'procés'.

La actuación de los rectores obliga a preguntarse cómo han sido nombrados. Si lo han hecho con criterios políticos más que académicos, debería cambiarse el modo de designarlos.

¿Cómo se ve desde Suecia lo que ocurre en Cataluña?

Algunos piensan que las minorías siempre están oprimidas y que las mayorías son malas. El nacionalismo ha hecho una propaganda intensiva y, si escribes algo que modifique la imagen del paraíso catalán oprimido por los españoles, te atacan.

Viaja a Cataluña con regularidad. ¿Ha visto adoctrinamiento?

Conozco a personas no creyentes que llevan a sus hijos a colegios privados católicos para que no les adoctrinen. Tengo un amigo profesor de Filosofía, socialista convencido, que se deja parte del sueldo en un colegio privado para que sus hijas aprendan castellano y no se conviertan en robots independentistas. Respecto a los libros de texto, los he revisado y está fuera de duda que hay adoctrinamiento en ellos. Si un foráneo los lee, pensará que Cataluña y España son dos países distintos. Intentan dar una idea de la Historia que no es la que los expertos han consensuado. Cuando estuve en el Museo de Historia de Cataluña vi a una profesora que explicaba a sus alumnos la Guerra de Sucesión de forma victimista, haciendo hincapié en lo emocional. «Mirad lo que nos hicieron los españoles», les decía a sus alumnos de 10 años.

Este énfasis en lo emocional es uno de los males de la época.

A los alumnos les dan opiniones, no hechos. La escuela está dejando de tener respeto por el conocimiento, que debe ser la base de la institución educativa. La Nueva Pedagogía dice que el conocimiento no importa tanto como que los alumnos se sientan a gusto. Todo va en la misma dirección.

Como profesora de lenguas, ¿cree que la inmersión lingüística es un modelo adecuado?

Los alumnos en Cataluña no están aprendiendo bien castellano en su forma culta. No se puede tener el mismo nivel estudiando en esta lengua sólo dos o tres horas a la semana frente a alumnos de otras autonomías que dedican 20 horas. El modelo genera desigualdad y afecta a la igualdad de oportunidades, porque perjudica más a los jóvenes de familias con bajo nivel sociocultural.

¿Es partidaria de recentralizar las competencias educativas?

Sí. Fue un error entregarlas. Al Estado le ha faltado coraje para intervenir cuando se observaron los primeros síntomas: tanto el PP como el PSOE han escondido la cabeza debajo de la tierra como un avestruz y erróneamente han creído que, si no hacían nada, el adoctrinamiento iba a desaparecer. He estado con representantes educativos de las CCAA que me han reconocido que son 17 países: cada uno va a lo suyo. Multiplicar por 17 los esfuerzos no mejora los resultados.

¿Por qué dice que es mejorable la calidad de los profesores españoles?

Los maestros de Primaria deberían dar menos asignaturas y tener más especialización. No es cuestión únicamente de tener una actitud positiva hacia los niños, sino de saber lo que explican. El listón está demasiado bajo. Llegan aspirantes que no están capacitados para ser buenos maestros porque saben poco. Se debería hacer una prueba de admisión para acceder a la carrera y cambiar el contenido de la misma. Y unas oposiciones más rigurosas.

El Gobierno sueco le ha encargado un informe sobre la formación docente. ¿Qué plantea para mejorar la calidad de los profesores?

Exigir una nota de corte más alta para estudiar Magisterio. Además, introducir una prueba de conocimientos sobre las materias al final de la carrera y una prueba de lengua para todos los profesores. El objetivo es que estén verdaderamente cualificados y el título no sea sólo un papel.

Inger Enkvist es hispanista y experta educativa

Tomado de:

https://www.elmundo.es/espana/2019/11/05/5dc082c521efa053098b45f0.html?emk=NELMPRM1&s_kw=1T






Texto nr. 2



                     

Plagios, manipulación y tráfico de citas: el negocio encubierto de las publicaciones universitarias

Los incentivos de sueldo por firmar “papers” han desatado un “boom” de publicaciones en España en los últimos años, pero muchas de ellas carecen de impacto y están basadas en malas prácticas
En los últimos 40 años, la investigación ha ganado peso hasta convertirse en el eje sobre el que pivota la Universidad. Una tendencia que, en general, se considera positiva pero con la que han aflorado ciertos riesgos y malas prácticas. Para empezar, porque de ella dependen la evaluación y acreditación de los docentes o el posicionamiento de las instituciones en los ránkings y todo ello condiciona directamente las políticas universitarias.

El movimiento que nació como una necesidad de fomentar la investigación académica, hacer que nuestros investigadores se codearan con científicos de otros países, homologar formas de trabajo y tratar de publicar en revistas de primer nivel se ha mantenido sin variaciones, con independencia del signo político y «siempre hacia una mayor exigencia», defiende Emilio Delgado, catedrático y profesor de Métodos de Investigación en la Universidad de Granada.

«Todos los incentivos de mejora y el sistema de evaluación del profesorado ponen el acento en la investigación, al igual que la transferencia que espera la sociedad de la Universidad o los ránkings, mientras que la docencia queda arrinconada», añade el catedrático, quien advierte de una política que «despierta las más bajas pasiones» y que conlleva el riesgo de «publicar por publicar para tener menos carga docente».

Un simple vistazo a la última década ofrece una imagen del imparable aumento en el número de documentos científicos lanzados desde las 50 universidades públicas y privadas analizadas en el Informe IUNE 2019 con los datos de Web of Science (WoS): de 39.671 en 2008 a 65.619 en 2017, un 60% más. Crecimiento que no ha corrido paralelo al de los documentos del llamado primer cuartil, los de mayor impacto, que han pasado de representar un 51,4% del total de publicaciones de 2008 a un 53,7% en 2017. No es precisamente que haya muchos más profesores, cuyo número apenas ha crecido un 7,3% entre 2007 y 2016, pero sí se ha incrementado la productividad anual también un 60%, de 0,5 a 0,8 documentos al año por profesor de media, cifra que en algunas universidades llega a situarse en el entorno de los tres documentos.

SIN SEXENIOS

Con todo, en el curso 2016/2017 todavía más de una cuarta parte de los docentes de la pública no eran doctores (es decir, solo estaban teóricamente capacitados para investigar un 25,5% que se eleva hasta el 45,5% en la privada) y casi una cuarta parte (23%) de los cuerpos docentes universitarios carecían de sexenios, mientras que los tres cuartos restantes tenían una media de 2,2, según los datos del último informe Datos y Cifras del Sistema Universitario Español.

«Se está publicando mucho más pero hay que matizar, por ejemplo, porque hay más trabajos en colaboración con autores extranjeros y porque WoS ha crecido el número de revistas españolas seleccionadas, y eso incrementa la producción. En valor absoluto sí aumenta, pero posiblemente la evolución no es tan positiva", puntualiza Isidro F. Aguillo, responsable del Laboratorio de Cibermetría del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. En su opinión, «el problema es que antes no había presión por publicar y ahora estamos casi en el extremo contrario». "Tampoco había un control de la calidad del profesorado, por lo que publicar se ha convertido en una manera de evaluar, con sus limitaciones, pero es un sistema rápido y fácil y cualquier otro mecanismo resulta inviable», matiza.

Con la evaluación de la investigación llegaron los sexenios, que atribuyen tramos de productividad en los sueldos y que, como apunta el catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid Jesús María Sanz Serna, «ofrecieron una valoración objetiva de lo que se hacía y potenciaron la investigación". Pero al mismo tiempo, sostiene Emilio Delgado, se han convertido en un elemento de «jerarquización y prestigio social» en la universidad, agudizado a raíz del decreto Wert de 2012, que reducía las necesidades de contratación del PDI a base de «penalizar» con más horas de docencia a los profesores sin sexenios vivos.

A todo ello hay que añadir que, como explica Sanz Serna, «se ha construido un sistema de indicadores para la acreditación y la evaluación que es burocrático y cuantitativo, lo que ha derivado en la publicación de artículos de calidad cuestionable».

Han aflorado malas prácticas como los plagios, la manipulación y el tráfico invisible de citas. 

EMILIO DELGADO, PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA

El hecho de que estos indicadores incluyan el número de publicaciones, el impacto y el número de citas que tienen los trabajos ha hecho aflorar una suerte de malas prácticas como «los plagios, la necesidad de ciertas universidades de leer tesis doctorales a toda costa, la manipulación y el tráfico invisible de citas» para mejorar los llamados «índices de impacto», relata Delgado.

«Hay malas prácticas generalizadas, con muchos más ejemplos de los que salen a la luz, pero no tanto por la presión por publicar como por el hecho lamentable de que los comités que deberían vigilarlas no funcionan», considera, por su parte, Aguillo, quien también atribuye estas tácticas a una mezcla de corporativismo y desconocimiento.

Junto a los plagios, Sergio D'Antonio, sociólogo miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas de la Universidad Complutense, habla de usos fraudulentos o no adecuados de los datos, de maquillaje de resultados para que sean «más espectaculares», de intercambio de referencias para posicionar a autores y revistas. También se tiende a parcelar las investigaciones, de manera que, en lugar de un libro o un artículo condensado y bien hecho, resulta más productiva la «publicación salami»: dividir el material en varias entregas.

Sin tiempo ni margen para hacer un trabajo reposado y de calidad, el investigador argumenta que el modelo actual de carrera académica lleva a buscar la mayor rentabilidad, «con estrategias que se tejen en función de las métricas y las publicaciones de alto impacto», uno de los requisitos, por cierto, de cada vez más convocatorias públicas.

Sin embargo, advierte, «se asume que las revistas con índice JCR (Journal Citation Report, las de más impacto) tienen más calidad pero hay un sesgo brutal relacionado con el norte global y la lengua inglesa, lo que, por ejemplo, penaliza escribir en castellano y sobre cuestiones locales». Y eso también condiciona el contenido y la aportación de las investigaciones.

UN NEGOCIO EDITORIAL

Con esta base, el sistema de evaluación en casi todos los países ha apuntalado un lucrativo negocio editorial. Un modelo muy cuestionado porque autores que trabajan en instituciones públicas y con fondos públicos, pagan por publicar en revistas científicas (entre 2.000 y 5.000 euros cuando se trata de las más reputadas) que someten el trabajo a una evaluación de calidad por pares que tampoco cobran nada. Como cada grupo maneja sus presupuestos y no se comparten, se desconoce el volumen de estas actividades, aparte de que existen cláusulas de confidencialidad que impiden saber lo que las instituciones públicas pagan por las suscripciones que les permiten acceder a los contenidos que ellas mismas generan.

"Las editoriales merecen un reconocimiento porque los procesos de evaluación son herederos de su trabajo, pero estoy en contra de sus políticas abusivas", declara Isidro F. Aguillo, quien critica la falta de información fiable y transparente desde las licencias de bases de datos a los costes de suscripción, y el hecho de que los precios varían en función de las instituciones. "Es parte de la opacidad del sistema, pagan lo que sea porque no saben cuánto les cuesta a las demás". Y ese dinero que se destina a revistas de alto impacto, sumado a otros costes como puede ser la traducción, se podría destinar a otros fines, por ejemplo, a un técnico a media jornada durante seis meses, señala a su vez D'Antonio.
Una alternativa a estas revistas serían, según Aguilló, los repositorios digitales, "aunque eso implica que las universidades se abran y hagan un esfuerzo de divulgación". De hecho, se está hablando del "sexenio de transferencia" para promocionar esas actividades, de los cuales hay una experiencia piloto con una convocatoria todavía sin resolver.

Luis Parejo

Extraído de:

https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/11/05/5dc1753bfdddffa24c8b4638.html?emk=NELMPRM1&s_kw=7T